jueves, 10 de enero de 2008

Cronologia Vicent Van Gogh

CRONOLOGIA
1853 Vincent Willelm van Gogh, nace el 30 de
marzo, en Groot Zundert, Holanda. Hijo de Teodoro
van Gogh y Ana Cornelia Carbentus.
Familia calvinista.
1857 Théo van Gogh, nace el 11 de mayo.
1862 Primeros dibujos que se conocen.
1865 Estudios en la pensión Provily, en
Zavenbergen hasta 1869.
1869 Se coloca de dependiente en la galería de
arte Goupil, en la Haya.
1872 Primera carta a su hermano Théo.
1873 Théo entra como empleado en la casa
Goupil, en la sucursal de Bruselas. Vincent es
destinado a la sucursal de Londres de la galería
Goupil.
Septiembre: deja la pensión y se va a vivir a la
casa de la familia Loyer, sus patrones.
1874 Solicita en matrimonio a Ursula Loyer, que
lo rechaza. Violenta decepción. Vuelve desesperado
a Holanda.
Julio: regresa a Londres con su hermana Ana.
Estadía en París.
Regresa sorpresivamente a Londres donde trata
inútilmente de ver a Ursula.
1875 La casa en que trabaja lo destina a la
sucursal de París, por falta de seriedad y puntualidad
en su empleo. Vive en Montmartre. Se inicia su
pasión por la Biblia. Quejas frecuentes de sus
patrones. Despedido de su empleo sale para
Holanda en Diciembre.
1876 Regresa a París y de allí parte para
Inglaterra, como maestro auxiliar en la escuela
anglicana del señor Stokes, en Rarnsgate.
Junio: el señor Stokes instala su escuela en Isleworth,
en las afueras de Londres. Es encargado de
recoger las pagas de los alumnos. Recorre East End,
cuya miseria lo conmueve.
Julio: es despedido por el Sr. Stokes. Entra
como ayudante del predicador Jones.
Diciembre: vuelve a Etten-Holanda para pasar
las navidades con su familia.
1877 De enero a mayo trabaja como empleado
en la librería Dordrecht. Deja el empleo y se traslada
a Amsterdam para preparar su ingreso en el
seminario de Teología de la Universidad de
Amsterdam.
1878 Julio: abandona sus estudios para regresar
a Etten con sus padres.
Agosto: se inscribe en una escuela evangelista.
El 15 de noviembre es destinado como voluntario
a la zona minera de Boringe y se establece en
Páturages. A fin de año, por la vocación mostrada,
el comité de evangelización decide trasladarlo a
Wesmes, en el centro de la región minera.
1879 Julio: abandona sus funciones. Un pastor
religioso aficionado al arte compra dos de sus dibujos.
Decae su espíritu religioso.
1880 Vagabundea por las carreteras. Empieza a
dibujar con más constancia.
Asiste a unos cursos de anatomía y perspectiva
en la academia de Jules Bretón, pintor niediocre
Empieza la ayuda económica de Théo (50 francos).
Regresa a Etten.
1881 Etten. Disgustos con sus padres por su
nueva vocación. Nuevo drama sentimental con su
prima Kee («K»), al persistir, Kee se ve obligada a
regresar a Amsterdam. Cartas continuas y finalmente
va a verla pero ella se niega. Regresa
decepcionado a Etten. Peleas continuas con sus
padres. Sale para La Haya donde su primo el pintor
Anton Mauve, lo recibe encantado y le da consejos
sobre arte.
1882 Pelea con Mative. Se va con una prostituta
embarazada, que encuentra en la calle, llamada
Cristina (a la que llama Sien), que convive con él
durante veinte meses. Ruptura definiliva en junio
con Mauve. Pasa tinos días en el Hospital. Visita a
Théo. Continua tensión entre ellos por las intrigas
ele Sien.
De esta época es el dibujo de Sorrow (Tristeza)
del que en noviembre haría una litografía.
Encuentro con el pintor Breitner. Recibe su primer
y único encargo: doce dibujos a pluma.
1883 Enfermo y debilitado llama a su hermano
Théo, quien logra alejar definitivamente a Sien.
Regreso al hogar paterno, ahora en Nuenen, a cuyo
presbiterio ha sido destinado su padre. Trabaja
intensamente en su pintura. Lee a Dickens, Cladyle,
Beecher-Stowe.
1884 Breve idilio con una vecina, Margot, quien
trata de suicidarse. Por desacuerdo con sus padres
alquila dos habitaciones al sacristán de la iglesia
católica, e instala allí su estudio.
1885 Muere su padre inesperadamente. Ruptura
definitiva con su familia.
Como el cura que le alquila la habitación prohibe
a los campesinos posar para van Gogh, en
noviembre se traslada a Amberes, donde monta su
taller.
1886 Ingresa a Bellas Artes de Anvers.
Se traslada a París y entra a la academia Cormon
y se instala en casa de su hermano Théo. Contacto
con los impresionistas. Estudia a Delacroix,
Monticelli, conoce a Toulouse-Lautrec, Gauguin,
Seurat, Signac, Pisarro, Cezanne, al tío Tanguy.
Largas visitas al Louvre.
Breve experiencia puntillista. Descubre la pintura
japonesa.
1887 Cansado agotado proyecta dejar París e ir
hacia el sur.
1888 Repentina marcha a Arlés por consejo de
Toulouse-Lautrec. Llega en febrero a Arlés. Se aloja
en el restaurante Carrel. Continúa pensando en
instalar una colonia de artistas. Intensa
correspondencia con Théo. En junio pasa una
semana en Saintes-Maries-de-la-Mer, donde queda
impresionado por el Mediterráneo. Le escribe a
Gauguin que vaya a instalarse cerca de él para
fundar el taller. Gauguin, después de muchas
meditaciones, decide visitar a van Gogh.
Agosto: establece amistad con el cartero Roulin.
En octubre llega Gauguin, con quien inicia una
convivencia de dos meses. El 24 de diciembre
intentó pegarle a Gauguin, que huye de su lado.
(Primera crisis): van Gogh se mutila una oreja y se la
lleva a una prostituta. Es internado en el hospicio de
Arlés.
Acude Théo. Vincent es recluido dos semanas
en el hospicio.
1889 El 7 de enero es dado de alta y vuelve a su
casa y continúa con su trabajo. Alucinaciones casi
continuas. Hostilidad del vecindario. Es denunciado
a la policía. Van Gogh comprende que necesita
internarse.
Es internado de nuevo en el hospital. Visita de
Signac. Epoca muy productiva. A pedido suyo es
trasladado al asilo de Saint-Remy, pequeña localidad
cerca de Arlés, donde queda al cuidado del doctor
Rey. Goza de una relativa libertad. Sufre estados de
lucidez alternados con violentas crisis. En
diciembre tiene dos ataques.
1890 Théo logra vender a la pintora belga Anna
Boch, La viña roja (La vigne rouge), en 400 francos,
único cuadro que se vende estando vivo Vincent.
Nace el primer hijo de Théo, a quien bautiza con el
nombre de Vincent Wille1m. Se publica el primer
artículo sobre su obra en el Mercure de France.
Intenta matarse. No puede soportar la vida en el
hospital de Saint-Paul-de-Mausole y le pide a su
hermano que lo saque y lo lleva a París. El 18 de
mayo va a París y sigue de allí a Auvers-sur-Oise, y
el 21 de mayo entra como paciente y amigo del
doctor Gachet. Visita a su hermano. Regresa a
Auvers. El 27 de julio se dispara un tiro en el pecho.
Théo va a verlo. Dos días después - 29 de julio -
a la una y media de la mañana, muere.
1891 El 21 de enero su hermano Théo muere.

Junio De 1890 Arriesgo la vida y la Razón

4 de junio de 1890.
... Por cierto me parece tan enfermo y aturdido
con algunos años como tú y yo,1 y es de mayor edad
1 Se refiere al Dr. Gachet.
y hace algunos años perdió a su mujer, pero es muy
médico y su oficio y su fe sin embargo lo sostienen.
Ya somos muy amigos y por casualidad también
conoció a Brias de Montpellier y tiene de él las
mismas ideas que tengo yo, que es alguien muy
importante en la historia del arte moderno.
Trabajo en su retrato, la cabeza con una gorra
blanca, muy rubia, muy clara, las manos también de
encarnación clara, un frac azul y un fondo azul
cobalto, apoyado sobre una mesa roja, sobre la que
hay un libro amarillo y una planta de digital con
flores púrpuras. Está dentro del mismo sentimiento
que mi retrato, que hice cuando llegué aquí.

17 de junio de 1890.
... En este momento estoy haciendo dos
estudios, uno un ramo de plantas salvajes, cardos,
espigas, hojas de diferentes coloraciones. Una casi
roja, la otra muy verde, la otra amarillenta.
El segundo estudio, una casa blanca entre la
vegetación, con una estrella en el cielo de noche y
una luz anaranjada en la ventana y vegetación, negra
y una nota rosa oscura. Eso es todo por el
momento. Tengo una idea para hacer una tela más
importante de la casa y del jardín de Daubigny, del
que ya tengo un pequeño estudio.
El Sr. Gachet es absolutamente fanático de ese
retrato y quiere que haga uno para él, si puedo,
absolutamente igual, cosa que yo también deseo
hacer. También pudo comprender ahora el último
retrato de arlesiana, del que tienes uno en rosa;
cuando viene a ver los estudios vuelve siempre a
esos dos retratos y los admite por completo, pero
por completo, tal cual son.
Espero enviarte pronto un retrato de él.
Además pinté en su casa dos estudios que le di
la semana pasada, un áloe con caléndulas y cipreses,
y el domingo pasado, rosas blancas, parra y una
figura blanca.
Muy probablemente también haré el retrato de
su hija que tiene diecinueve años, y de la que me
imagino que Jo se hará muy pronto amiga.
Entonces es una gran alegría para mí hacer los
retratos de todos ustedes al aire libre: el tuyo, el de
Jo y el del pequeño.

Mi querido amigo Gauguin:
Gracias por haberme escrito de nuevo, mi
querido amigo y queda tranquilo, que después de mi
regreso he pensado en ti todos los días. No me he
quedado en París más que tres días y el ruido, etc.,
parisiense me causaba tan mala impresión que he
juzgado prudente para mi cabeza largamente al
campo; de no ser así en seguida hubiera corrido a
verte. Y me causa un enorme placer que digas que el
retrato de la arlesiana, hecho rigurosamente sobre tu
dibujo, te ha gustado.
He tratado de seguir con fidelidad respetuosa tu
dibujo y, sin embargo, tomando la libertad de
interpretar por medio de un color el carácter sobrio
y el estilo del dibujo en cuestión. Es una síntesis de
arlesiana, si quieres; como las síntesis de arlesianas
son raras, toma ésta como obra tuya y mía; como
resultado de nuestros meses de trabajo juntos. Para
hacerlo, yo he pagado con más de un mes de
enfermedad, pero también sé que es una tela que tú,
yo, y otros pocos comprenderemos, como nosotros
querríamos que se comprenda...
Tengo aún de allá un ciprés con una estrella, un
último ensayo -un cielo de noche, con una luna sin
resplandor, apenas el delgado creciente emergiendo
de la sombra opaca proyectada por la tierra - una
estrella de resplandor exagerado, si te parece,
resplandor suave de rosa y verde en el cielo
ultramarino donde corren las nubes.
En lo bajo, un camino bordeado de altas cañas
amarillas, detrás de las cuales están los Bajos Alpes
azules, un viejo albergue con ventanas iluminadas
de anaranjado y un ciprés muy alto, muy recto, muy
sombrío.
Sobre el camino, un coche con un caballo
blanco y dos paseantes retrasados. Muy romántico,
si te parece; pero también, creo, muy provenzal...
Oye una idea que quizá te convenga; yo trato de
hacer así, estudios de trigales -yo no puedo sin
embargo dibujar esto -, nada más que tallos de
espigas verdeazules, hojas largas como cintas,
verdes y rosas por el reflejo, espigas amarilleantes,
ligeramente ribeteadas de rosa pálido por la
floración polvorosa, una campanilla rosa en lo bajo,
enrollada alrededor de un tallo.
Así, ayer vi dos figuras: la madre, con un vestido
carmín profundo, la hija en rosa pálido con un sombrero
amarillo sin adorno alguno; rostros muy
sanos de campesinas, bien curtidos por el aire libre,
quemados por el sol; la madre, sobre todo, con una
cara muy, muy roja y cabellos negros y dos
diamantes en las orejas. Y he vuelto a pensar en esa
tela de Delacroix: La educación materna. Porque en
las expresiones de los rostros había realmente todo
lo que hubo en la cabeza de George Sand, ya sabes
que hay un retrato - busto George Sand - de
Delacroix; hay un grabado en la Ilustration, con los
cabellos cortos.

30 de junio de 1890.
Una carta de Gauguin bastante melancólica; él
habla vagamente de que está decidido a irse a
Madagascar; pero tan vagamente, que se ve claro
que piensa en esto porque no sabe realmente en qué
otro lugar pensar.
Y la ejecución del plan me parece casi absurda.
Incluyo tres croquis - uno de una figura de
aldeana, gran sombrero amarillo, con un nudo de
cintas azulceleste, rostro muy rojo, traje casero
grueso, azul, puntilleado de anaranjado, fondo de
espigas de trigo.
Es una tela de 30, pero temo que sea un poco
grosera. Después el paisaje a lo largo con los
campos, un motivo que sería de Michel, pero en
cambio la coloración es verde tierno, amarillo y azul
verde.
Después, una maleza de troncos de álamos
violetas que perpendicularmente, como columnas,
atraviesan el paisaje; la profundidad de la maleza es
azul y, bajo los grandes troncos, la pradera florida,
blanca, rosa, amarilla, verde, largas hierbas rosadas y
flores.
Quizás veas este croquis del jardín de Daubigny
- es una de mis telas más queridas -; te adjunto un
croquis de viejos rastrojos y los croquis de 2 telas de
30, que representan inmensas extensiones de trigo
después de la lluvia.
El jardín de Daubigny tiene el primer plano de
hierba verde y rosa. A la izquierda, un macizo verde
y lila y un tronco de planta con follaje blanquecino.
En medio de un cantero de rosas a la derecha, un
conjunto de cañas, una pared y sobre la pared un
avellano de follaje violeta. Después, una hilera de
lilas, una fila de tilos redondeados, amarillos; la casa
misma en el fondo, rosa, con techo de tejas
azuladas. Un banco y tres sillas, una figura negra
con sombrero amarillo y en primer plano un gato
negro. Cielo, verde pálido.
Carta que Vincent tenía sobre sí, el 29 de julio,
día en que falleció.
Mi querido hermano:
Gracias por tu buena carta y el billete de 50
francos que contenía. Ya que esto va bien, que es lo
principal, ¿por qué insistiré sobre cosas de menor
importancia? ¡a fe mía!... antes de que haya
oportunidad de hablar de asuntos con la cabeza mas
reposada, pasará probablemente mucho tiempo.
Los otros pintores, piensen lo que piensen,
instintivamente se mantienen a distancia de las
discusiones sobre el comercio actual.
Porque aunque, la verdad es que sólo podemos
hacer que sean nuestros cuadros los que hablen, mi
querido hermano, añado que siempre te he dicho - y
te vuelvo a decir otra vez con toda la gravedad que
pueden dar los esfuerzos del pensamiento
asiduamente fijo para tratar de hacer tanto bien
como se pueda - te vuelvo a decir que yo
consideraré siempre que tú eres algo más que un
simple marchand de Corot, y que por mediación
mía tienes tu parte en la producción misma de
ciertas telas que aun en el desastre guardan su calma.
Porque nosotros estamos aquí y esto es todo o
por lo menos lo principal que puedo tener que
decirte en un momento de crisis relativa. En un
momento en que las cosas están muy tirantes entre
marchands de cuadros de artistas muertos y de
artistas vivos.
Pues bien, mi trabajo; arriesgo mi vida y mi
razón destruida a medias – bueno - pero tú no estás
entre los marchands de hombres, que yo sepa; y
puedes tomar partido, me parece, procediendo
realmente con humanidad, pero, ¿qué quieres?

20 Mayo 18890 Auvers Sur Oise

AUVERS SUR OISE
20 de Mayo-29 de julio de 1890.1
21 de mayo de 1890.
Mi querido Théo y querida Jo:
Después de haber conocido a Jo, en adelante me
será difícil escribir a Théo sólo, pero Jo me
permitirá - espero - escribir en francés, porque
después de dos años en el Midi, así creo decirles
mejor lo que tengo que decir. Auvers es muy
hermoso, muchos viejos rastrojos, cosa que se hace
rara.
... Vi al Dr. Gachet, que me produjo la
impresión de ser bastante excéntrico, pero su
experiencia de doctor debe mantenerlo en equilibrio
combatiendo el mal nervioso, del que por cierto me
parece atacado al menos tan gravemente como yo.
1 Vincent llega a París el 17 de mayo de 1890 y permanece cuatro
días en compañía de su hermano, Jo y el
bebé, nacido el 31 de enero de
1890 y que lleva su nombre.
Llega luego a Auvers-sur-Oise, el 21 de mayo, donde
se dirige al
albergue Saint-Aubin recomendado por el Dr. Gachet.
Pero como el
precio de la pensión le parece demasiado elevado, se
instala en el café
de la plaza de la Mairie.
El tiempo que Vincent pasa en Auvers es un período de intensa
producción, ya que en setenta días pinta
alrededor de setenta lienzos.
Me condujo a un albergue donde pedían 6
francos por día. Por mi parte encontré uno donde
pagaré 3 francos 50 por día.
... Su casa está llena de antiguallas negras,
negras, negras, con excepción de los cuadros de los
impresionistas nombrados.1 La impresión que me
produjo no es desfavorable.
... Ahora tengo un estudio de viejos techos de
rastrojo con un campo de porotos y trigo en primer
plano, fondo de colina, un estudio que creo que te
gustara.
Y ya me doy cuenta de que me hizo bien ir al
Midi para ver mejor el Norte.
Es como lo suponía, veo los violetas más en su
lugar. Francamente Auvers es muy hermoso.
Tanto que creo que será más ventajoso trabajar
que no trabajar, a pesar de toda la mala suerte que es
de prever en los cuadros.
Aquí es muy coloreado -pero qué lindas casas
de campo burguesas hay, mucho más lindo que Ville
d'Avray, etc., a mi gusto.
1 Un Pisarro y tres Cezanne.
... Hoy volví a ver al Dr. Gachet y voy a pintar
en su casa el martes por la mañana, luego cenaré
con él y. después vendrá a ver mi pintura. El me
parece muy razonable, pero está tan descorazonado
con su oficio de médico rural como yo con mi
pintura.
Entonces le dije que con mucho gusto cambiaría
oficio por oficio.
... Sigo creyendo que sobre todo es una
enfermedad del Midi lo que atrapé, y que el regreso
aquí bastará para disipar todo.
... Tengo un dibujo de una vieja viña, de la que
me propongo hacer una tela de 30, además un
estudio de castaños rosados y uno de castaños
blancos. Pero si las circunstancias me lo permiten,
espero hacer un poco de figura. Vagamente se
presentan cuadros a mis ojos, pero aunque llevará
tiempo ponerlos en limpio, eso vendrá poco a poco.

Mayo 1890 Simplicidad extrema

Mayo de 1890.
Quizás me ponga a trabajar según los
Rembrandt; sobre todo, tengo una idea para hacer
El hombre orando en la gama de tonos que parten
del amarillo claro hasta el violeta.
Te incluyo la carta de Gauguin; haz lo que mejor
te parezca para el cambio; toma lo que a ti te plazca;
estoy cada vez más seguro de que tenemos el mismo
gusto.

Mayo de 1890.
He hecho dos telas de la hierba fresca en el
parque, de las cuales hay una (le una simplicidad
extrema; he aquí un croquis rápido.
Un hongo de pino violeta rosa y después la
hierba con flores blancas y cardillos, un pequeño
rosal y otros troncos de árboles en el fondo mas
alto de la tela. Yo estaré allá afuera, estoy seguro de
que el anhelo de trabajar me devorará y me dejará
insensible a todo lo demás y de buen humor.
Y me relajaré, no sin reflexión; pero sin
apesadumbrarme con el lamento de las cosas que
hubieran podido ser. Ellos dicen que en la pintura
no hay que buscar nada ni esperar nada más que un
buen cuadro, una buena conversación y una buena
comida como máximo de felicidad, sin contar los
paréntesis menos brillantes. Tal vez sea cierto, ¿por
qué rechazar lo posible, sobre todo si al actuar así se
procura el cambio de la enfermedad?
... Mi deseo de partir de aquí es ahora absoluto.
... Ahora me parecería preferible ir a ver a ese
médico1 al campo apenas sea posible, dejaríamos
1 El Dr. Gachet, médico recomendado por Pissarro. No era
psiquiatra sino médico rural. Practicaba la homeopatía y la
electroterapia, además era pintor aficionado.
los bultos en la estación. Por consiguiente no me
quedaría en tu casa más que, digamos dos o tres
días, luego partiría para ese pueblo donde empezaré
por alojarme en el hotel. Esto es lo que me parece
que podrían escribirle estos días - sin demora - a
nuestro futuro amigo, el médico en cuestión: «Como
mi hermano tiene muchos deseos de conocerlo y
prefiere consultarlo antes de prolongar su estadía en
París, espero que le parecerá bien que pase algunas
semanas en su pueblo adonde irá a hacer estudios;
tiene toda la confianza de entenderse con usted, y
cree que con un retorno al Norte su enfermedad
disminuirá, mientras que con una estadía más
prolongada en el Midi, su estado amenazaría con
agudizarse»
Tú le escribirías de esta manera, a la mañana siguiente
o a la otra de mi llegada a París le enviaríamos
un telegrama y probablemente me esperaría en
la estación.
El ambiente de aquí comienza a pesarme más de
lo que podría expresarlo -a fe mía, tuve paciencia
más de un año - necesito aire, me siento abrumado
de aburrimiento y de pena.
Además el trabajo corre prisa, aquí perdería mi
tiempo.
... Ahora la mejoría continúa, toda la horrible
crisis ha desaparecido como una tormenta, y trabajo
para dar una última pincelada aquí con un ardor
tranquilo y continuo. Empecé una tela de rosas
sobre fondo verde claro y dos telas que representan
grandes ramos de lirios violetas, una contra un
fondo rosa donde el efecto es armonioso y suave
por la combinación de los verdes, rosas, violetas.
Al contrario el otro ramo violeta (que va hasta el
carmín y el azul de prusia puro) que se destaca sobre
un fondo amarillo limón brillante, con otros tonos
amarillos en el jarrón y el zócalo en que reposa, es
un efecto de los complementarios terriblemente
contrastados, que se exaltan por su oposición.

Mayo de 1890.
Mi querido Théo:
Una vez más te escribo para decirte que la salud
sigue andando bien, sin embargo me siento un poco
descuajeringado por esta larga crisis y me atrevo a
creer que el cambio proyectado me refrescará las
ideas.
Creo que lo mejor será que yo mismo vaya a ver
a ese médico al campo lo más pronto posible;
entonces muy pronto se podrá decir si me alojaré en
su casa o provisoriamente en el hotel; y así se evitará
una estadía demasiado prolongada en París, cosa
que temo.
Recuerdas que hace seis meses te decía después
de4 una crisis que si se repetía te pediría cambiar.
En eso estamos, y aunque no me siento capaz de
juzgar la manera que tienen aquí de tratar a los
enfermos, es suficiente con que sienta
absolutamente en peligro lo que me queda de razón
y de potencia de trabajar; mientras que al contrario
estoy seguro de probarle a ese médico del que
hablas, que todavía sé trabajar lógicamente, y él me
tratará en consecuencia y puesto que quiere a la
pintura, hay bastantes posibilidades que de ello
resulte una sólida amistad.
... Las aguafuertes que me enviaste son muy
hermosas. Adjunto un croquis que garabatié de una
pintura, que hice con tres figuras que están en el
fondo de la aguafuerte del «Lázaro»: el muerto y sus
dos hermanas. La gruta y el cadáver son violeta
amarillo blanco. La mujer que quita el pañuelo del
rostro del resucitado tiene un vestido verde y
cabellos anaranjados, la otra tiene una cabellera
negra y un vestido rayado verde y rosa. Detrás un
campo de colinas azules, un sol naciente amarillo.
Así la combinación de colores hablaría por sí
misma de la misma cosa que expresa el claroscuro
de la aguafuerte.
... Me iré apenas le hayas escrito al Sr. Peyron,
me siento bastante tranquilo y no creo que, en el
estado en que estoy, pueda desequilibrarme
fácilmente.
... Acabo de terminar otra tela de rosas rosadas
contra un fondo verde amarillo en un jarrón verde.
Espero que las telas de estos días nos resarcirán
de los gastos del viaje. Esta mañana cuando fui a
franquear mi baúl, volví a ver el campo - después de
la lluvia fresco y todo florido - cuántas cosas podría
haber hecho todavía.
... En París - si me siento con fuerzas - tendré
grandes deseos de hacer enseguida un cuadro de
una librería amarilla (efecto de gas), que desde hace
tanto tiempo tengo en mente. Verás que la misma
mañana de mi llegada lo haré. Te digo, con respecto
al trabajo siento mi cabeza absolutamente
serena, y las pinceladas vienen y se suceden muy lógicamente

29 Abril 1890 Olivos cielo Rosa

29 de abril de 1890.
Mi querido Théo:
El resto de las telas es escaso; como llevo dos
meses sin poder trabajar, estoy atrasado.
Encontrarás que los olivos de cielo rosa son lo
mejor, con las montañas, me imagino; los primeros
van bien como compañeros de aquellos del cielo
amarillo. En cuanto al retrato de la Arlesiana, tú
sabes que he prometido un ejemplar al amigo
Gauguin y se lo harás llegar. Luego los cipreses son
para el señor Aurier. Hubiera querido rehacerlos
con un poco menos de empaste, pero me falta
tiempo.
Hay que lavarlos todavía varias veces con agua
fría; después, un fuerte barniz, cuando los empastes
estén bien secos; entonces los negros no se saldrán
cuando el aceite se haya evaporado. Ahora me haría
falta, necesariamente, colores que en parte bien
podrías adquirir en lo de Tanguy; si está fastidiado
esto le gustará. Pero por supuesto, no tiene que ser
más caro que otro. Esta es la lista de los colores que
necesitaré:
(Tubos grandes)
12 blanco de zinc; 3 cobalto; 5 verde veronés, 1
laca ordinario; 2 cromo 11; 2 verde esmeralda, 4
cromos I; 1 mina anaranjado; 2 ultramar.
Después (pero en lo de Tasset): 2 laca geranio,
tubos de formato mediano. Me harás un gran favor
si me puedes hacer llegar enseguida por lo menos la
mitad; pronto, porque he perdido demasiado
tiempo.
También, necesitaré 6 brochas; 6 pinceles de
cerda y 7 metros de tela o hasta 10.
¿Qué decirte de estos dos meses pasados? Esto
no va muy bien; estoy triste y embrutecido, más de
lo que sabría expresar y no sé ya dónde estoy.
Como el pedido de colores es un poco cargado,
puedes demorar la mitad, si te conviene más.
Mientras estaba enfermo, hice aún algunas
pequeñas telas de cabezas que verás más tarde,
recuerdos del Norte; y ahora, acabo de terminar un
rincón de pradera lleno de sol, que yo creo más o
menos vigoroso. Lo verás muy pronto.
Hazme el favor de rogar al señor Aurier que no
escriba más artículos sobre mi pintura; dile con
insistencia que, por empezar, sus notas sobre mí se
engañan, puesto que realmente me siento demasiado
entristecido para poder enfrentarme a la publicidad.
Hacer cuadros me distrae; pero si oigo hablar de
ellos, me causa una pena que él no imagina...
He caído enfermo en la época en que hacía las
flores de almendro. Si hubiera podido continuar
trabajando, puedes deducir que hubiera hecho otros
árboles en flor. Ahora, ya casi se han terminado los
árboles en flor; verdadera me no tengo suerte. Sí;
hay que tratar de salir de aquí, pero ¿dónde ir? No
creo que se pueda estar más encerrado y prisionero
que en las casas donde no existen normas de
libertad, como en Charenton o en Montevergues.

1º Febrero 1890 Articulo cuadros

1º de febrero de 1890.
...Me sorprendió mucho el artículo que me
enviaste sobre mis cuadros1, no hay necesidad de
decirte que espero seguir pensando que no pinto así,
sino que más bien allí veo cómo debería pintar. Ya
que el artículo es muy justo en el sentido que indica
el hueco a llenar, y creo que en el fondo el escritor
1 Se trata de un artículo sobre Vincent (el primero importante
aunque no cronológicamente, ya que hacía tiempo Isaacson había
publicado uno), aparecido en
«Le Mercure de France» de enero de 1890
y escrito por Albert Aurier.
lo escribió para guiarme no solamente a mí, sino
también a los otros impresionistas, y hasta más bien
para hacer la brecha en el buen lugar. Por
consiguiente propone un yo colectivo, ideal tanto
para los otros como para mí, y simplemente me dice
que de tanto en tanto hay algo bueno, si quieres,
también en mi trabajo, tan imperfecto, y ese es el
lado consolador que aprecio y del que espero estar
agradecido. Tan sólo debe entenderse que yo no
tengo una espalda lo suficientemente buena como
para llevar a cabo una tarea semejante; y el hecho de
que concentre sobre mí el artículo, aunque no hay
necesidad de decirte hasta qué punto me siento
adulado, a mi parecer es tan exagerado como lo que
decía sobre ti cierto artículo de Isaacson, que ahora
los artistas dejaban de pelearse y que un
movimiento serio se hacía silenciosamente en el
pequeño negocio del Bulevar Montmartre.
Admito que es difícil hablar, expresarse de otra
manera -del mismo modo que no se podría pintar
como uno ve - y por lo tanto no es para criticar la
audacia de Isaacson o la del otro crítico, pero en
cuanto a nosotros, bueno, posamos un poco como
el modelo y a fe mía ése es un deber y un trabajo
como cualquier otro.
Por consiguiente si tú o yo llegáramos a tener
una reputación, hay que tratar de conservar cierta
calma, y si es posible una presencia de ánimo.
¿Por qué no decir lo que él dice de mis
girasoles, con mayor razón de las magníficas y tan
completas malvarrosas de Quost, y de sus lirios
amarillos, de las espléndidas peonías de Jeannin? Y
tanto como yo, tú ves que ser elogiado debe tener su
reverso su otro lado de la medalla. Pero de buena
gana estoy muy agradecido por el artículo, o más
bien con “el corazón contento”, como en la canción
de la Revue, puesto que uno puede necesitarlo,
como realmente puede necesitar una medalla.
Además, un articulo semejante tiene su mérito
propio de obra de arte crítica, por lo que me parece
respetable, y el escritor debe elevar los tonos,
sintetizar sus conclusiones, etcétera.
... Traté de copiar los «Bebedores», de Daumier,
y el «Presidio», de Doré, es muy difícil.
En estos días espero comenzar el «Buen
Samaritano», de Delacroix, y el «Leñador», de Millet.
El artículo de Aurier me animaría, si me
atreviera a dejarme llevar, a arriesgarme más a salir
de la realidad y a hacer con el color como una
música de tonos, como ciertos Monticelli. Pero
quiero tanto a la verdad, el tratar de hacer lo
verdadero también, en fin, creo, creo que aún
prefiero ser zapatero a ser músico con los colores.
En todo caso tratar de seguir siendo veraz es
quizás un remedio para combatir la enfermedad que
continúa inquietándome.
Hoy quise tratar de leer las cartas que habían
venido para mí, pero todavía no tenía suficiente
claridad para poder comprenderlas.1
Sin embargo trato de responderte enseguida y
espero que esto se disipe dentro de algunos días.
Sobre todo espero que tú y tu mujer y tu niño estén
bien.
No te preocupes por mí, aun cuando esto dure
un poco más de tiempo; escribe lo mismo a casa y
mándales muchos saludos de parte mía.
Saludos a Gauguin, que me escribió una carta
que le agradezco mucho; me aburro mucho, pero
hay que tener paciencia. Una vez más saludos a Jo y
a su chiquito y un apretón de manos en
pensamiento.
1 Nuevamente, después de haber pasado dos días en Arlés,
Vincent tiene otra crisis, esta de larga duración. Tan sólo en el mes de
abril puede volver a escribir, pero será solamente una carta muy corta.

Septiembre 1889 Triste enfermedad

Septiembre de 1889.
Mi querido hermano:
Siempre te escribo en intervalos de trabajo
-como un verdadero poseso, un furor sordo de
trabajo, más que nunca. Y creo que esto contribuirá
a curarme. Quizá me ocurrirá algo como aquello que
refiere Delacroix: «he encontrado la pintura cuando
ya no tenía ni dientes ni aliento, en el sentido de que
mi triste enfermedad me hace trabajar con un furor
sordo -muy lentamente - pero desde la mañana a la
tarde sin aflojar y - ahí está probablemente el
secreto - trabajar largo tiempo y lentamente. Qué sé
yo, pero creo que tengo una o dos telas en
preparación no están muy mal; para empezar que el
segador en los trigales amarillos y el retrato sobre
fondo claro; esto será para los veintistas si, no
obstante, en el momento dado se acuerdan de mí;
además, que me importa, si quizás más valdrá que
me olviden...
Ayer he comenzado el retrato del celador en jefe
y quizás haré también a su mujer; porque él está
casado y vive en una casita, pero a pocos pasos del
establecimiento.
Una cara muy interesante-; tienes un hermoso
aguafuerte de Legros que representa a un viejo
noble español, si te acuerdas, esto te dará una idea
del tipo. Ha estado en el hospicio de Marsella,
durante dos épocas del cólera; en fin, es un hombre
que ha visto morir a mucha gente y sufrir y tiene en
su rostro yo no se que de recogimiento, como la
cara de Guizot -porque hay algo similar en esa cara,
pero diferente que me viene involuntariamente a la
memoria. Pero él es del pueblo y más simple. En fin,
ya verás si lo he logrado y si hago una
reproducción...
¡Uf!... el segador está terminado; yo creo que
éste será uno que guardarás para ti -es una imagen
de la muerte, tal como nos habla en el gran libro de
la naturaleza - pero lo que he buscado, es el «casi
sonriente». Es todo amarillo, salvo una línea de
colinas violetas, de un amarillo pálido y rubio. A mí
eso me divierte, después de haberlo visto así a
través de las rejas de hierro de una casa de locos.
Bueno, ¿sabes lo que espero, cada vez que me
pongo a tener esperanzas? que la familia sea para ti
lo que es para mí la naturaleza, los montones de
tierra, la hierba, el trigo amarillo, el aldeano, es decir
que encuentres en tu amor por la gente, no
solamente de qué trabajar sino de qué consolarte y
rehacerte cuando haya necesidad.
... La vida pasa así, el tiempo no vuelve, pero yo
me encarnizo en mi trabajo, justamente porque sé
que las ocasiones de trabajar no se repiten.
Sobre todo en mi caso en que una crisis más
violenta puede destruir para siempre mi capacidad
de pintar.
En las crisis me siento cobarde ante la angustia
y el sufrimiento -más cobarde que de costumbre, y
es quizás esa cobardía moral la que mientras que
antes no tenía ningún deseo de curarme, ahora me
hace comer por dos, trabajar fuerte, cuidarme en
mis relaciones con los otros enfermos por miedo a
tener una recaída - en fin, ahora trato de curarme
como uno que hubiera querido suicidarse y al
encontrar el agua demasiado fría, trata de alcanzar la
orilla.
... Me reprocho mi cobardía, tendría que haber
defendido mejor el taller, aunque hubiera tenido que
luchar con esos gendarmes y vecinos. En mi lugar
otros habrían usado un revólver, y por cierto si
como artista uno hubiera matado a papanatas como
esos, habría salido absuelto. Tendría que haber
hecho mejor las cosas, entonces; y en cambio fui
cobarde y borracho.
... Dejo de lado la esperanza de que ya no
volverán, al contrario, es preciso decirse que de vez
en cuando tendré una crisis.
... Qué cosa curiosa la pincelada.
Al aire libre, expuesto al viento, al sol, a la
curiosidad de la gente, uno trabaja como puede,
llena su tela de cualquier manera. Sin embargo, se
atrapa lo verdadero y lo esencial, lo más difícil es
eso.
Pero cuando después de un tiempo se retoma
ese estudio y se arregla la pincelada en el sentido de
los objetos, es más armonioso y agradable de ver, y
se agrega lo que se tiene de serenidad y sonrisa.
Ah, nunca podré reproducir mis impresiones de
ciertas figuras que aquí vi. Por cierto, esa es la ruta
en la que hay cosas nuevas, la ruta del Midi, que a
los hombres del Norte les cuesta trabajo penetrar.
Y yo ya veo de antemano, el día en que tendré
algún éxito, que lamentaré mi soledad y mi aflicción
de aquí, cuando vi, a través de los barrotes de hierro
de la celda, al segador en el campo de abajo.
... Yo no necesito ver Ticianos ni Velázquez en
los museos, vi ciertos tipos vivos que hacen que
ahora sepa mejor que antes de mi viajecito lo que es
un cuadro del Midi.
... Sí, habrá que terminar con esto, ya no puedo
hacer las dos cosas a la vez, trabajar y tomarme mil
penas para vivir con esos enfermos de aquí, todo
eso lo trastorna a uno.
... Me gustaría mucho estar de regreso cuando
venga tu niño, no con ustedes, por cierto no, eso no
es posible, sino en los alrededores de París con otro
pintor.
... El tratamiento de los enfermos en este
hospicio es sin duda fácil de seguir hasta cuando
uno viaja, ya que no se hace absolutamente nada, los
dejan vegetar en el ocio y los alimentan con una
comida insulsa y un poco deteriorada.
... Ahora tengo 7 copias de los diez «Trabajos
del campo» de Millet. Puedo asegurarte que me
interesa enormemente hacer copias, y que como por
el momento no tengo modelos, eso hará que, sin
embargo, no pierda de vista la figura.
... Hice un retrato de mujer -la mujer del
celador - que creo que te gustará, hice una copia que
no estaba tan bien como la del natural.
Y temo que se quedarán con esta última, habría
querido que la tengas.
Es rosa y negro.
Hoy te envío mi retrato, hay que mirarlo durante
algún tiempo; espero que veas que mi fisonomía está
muy calmada, aunque la mirada sea más vaga que
antes, a mi parecer. Tengo otro que es un ensayo de
cuando estaba enfermo, pero creo que éste te
gustará más; traté de hacerlo simple, muéstraselo al
padre Pissarro si lo ves.
... Ahora estando enfermo, trato de hacer algo
para consolarme, para mi propio placer.
Como motivo, pongo frente a mí el blanco y
negro de Delacroix o de Millet o según ellos.
Y luego improviso el color por encima, pero
por supuesto no siendo yo mismo, totalmente sino
buscando recuerdos de sus cuadros, pero el
recuerdo, la vaga consonancia de colores que están
dentro del sentimiento es una interpretación mía.
Un montón de gente no copia, un montón de
otros copian, yo me puse a hacerlo por casualidad, y
me parece que eso enseña y, sobre todo, a veces
consuela. Entonces mi pincel se desliza entre mis
dedos como un arco sobre el violín, y
absolutamente para mi placer.

... Te agradezco mucho el envío de tela y
colores. En retribución te envío algunas telas con el
retrato, las siguientes:
Salida de la luna (pajar),
Estudio de campo,
Estudio de olivos,
Estudio de noche,
La montaña,
Campo de trigo verde,
Olivos,
Huerto en flor,
Entrada de una cantera.
Las cuatro primeras telas son estudios donde no
se encuentra el efecto de conjunto de los otros.
A mí me gusta bastante “La entrada de una
cantera", que hacía cuando sentí comenzar ese
ataque, porque los verdes oscuros, a mi gusto, pegan
con los tonos de ocre; hay algo triste en él, que es
sano y por eso no me molesta. Quizá, también eso
sucede con "La montaña".
..."Los olivos" con nube blanca y fondo de
montañas, así como la "Salida de la luna" y el efecto
de noche, son exageraciones desde el punto de vista
del arreglo; las líneas son contorneadas como las de
las maderas antiguas. Los olivos están más dentro
del carácter, así como en el otro estudio traté de dar
la hora en que cuando hace calor, se ven volar los
cetonios verdes y las cigarras.
Las otras telas, el "Segador", etc., no están secas.
Y ahora en la mala estación voy a hacer muchas
copias, ya que realmente tengo que hacer más
figuras.
El estudio de figuras es lo que enseña a
aprehender lo esencial, y a simplificar.
No es justo cuando en tu carta dices que nunca
habré hecho nada más que trabajar, yo estoy muy
descontento de mi trabajo, y la única cosa que me
consuela es que la gente de experiencia dice que hay
que pintar durante diez años para nada. Pero lo que
he hecho no es más que esos diez años de estudios
desdichados y desafortunados. Ahora podría venir
un período mejor, pero habrá que fortalecer la
figura y tengo que refrescar mi memoria con el
estudio bien riguroso de Delacroix y Millet.
Entonces trataré de aclarar mi dibujo.
Sí, no hay mal que por bien no venga, con el
estudio se gana tiempo.
Al rollo de telas agrego un estudio de flores; no
es gran cosa, pero en fin, no quiero romperlo.
En suma, allí encuentro un poco bien nada más
el campo de trigo, la montaña, el huerto, los olivos
con las colinas azules y el retrato y la entrada de la
cantera, y el resto no me dice nada, porque carece de
voluntad personal, de líneas sentidas. Allí donde
esas líneas son concisas y decididas comienza el
cuadro, aun cuando sea exagerado.
¡La diferencia entre la felicidad y la desdicha!
ambas son necesarias y útiles, y la muerte o la
desapariciones tan relativo, y la vida también.
... Desdichadamente no hay viñas aquí, si no
fuera por eso yo me había prometido no hacer mas
que viñas este otoño. Las hay, pero para pintarlas
hubiera sido necesario ir a vivir a otro pueblo.
En cambio los olivos son muy característicos y
lucho por atraparlos. Son color plata, ya más azul,
ya verde, bronceado, blanquecino sobre terreno
amarillo, rosa, violáceo o anaranjado, hasta el ocre
rojo apagado.
Pero muy difícil, muy difícil. Pero trabajar de
lleno en el ore) o la plata me gusta y me atrae
mucho. Y quizás un día haré una impresión
personal, como lo son los girasoles para los
amarillos. ¡Si los hubiera tenido este otoño? Pero
esta semilibertad a menudo impide hacer lo que uno
siente, no obstante, que puede.
... Tenemos algunos días soberbios de otoño, y
los aprovecho. Tengo algunos estudios, entre otros
una morera toda amarilla sobre terreno pedregoso,
destacándose contra el azul del cielo, en el que creo
que veras que he encontrado la huella de Monticelli.
Habrás recibido el envío de telas que te envié el
sábado pasado. Me sorprende mucho que el Sr.
Isaacson quiera hacer un artículo acerca de mis
estudios. De buena gana le pediría que espere un
poco más, su artículo no perdería absolutamente
nada y con un año más de trabajo podría - espero -
ponerle bajo los ojos cosas más características, con
mayor voluntad en el dibujo, más conocimiento de
causa en cuanto al Midi provenzal.
... Tengo un estudio de dos álamos amarillentos
sobre fondo de montaña y un panorama del parque
de aquí, efecto de otoño, donde hay un poco de
dibujo más ingenuo y más familiar. En fin, es difícil
dejar un lugar antes de probar con algo que uno ha
sentido y querido.
Si vuelvo al Norte, me propongo hacer un
montón de estudios de modelo griego, tú sabes,
estudios pintados con blanco y azul y un poco de
anaranjado solamente, como al aire libre.
Tengo que dibujar y buscar estilo.

Mi querido Théo:
Acabo de regresar con uña tela en la que trabajo
desde hace algún tiempo, que representa el mismo
campo del segador. Ahora son terrones de tierra y al
fondo los terrenos áridos, además los peñascos de
los Alpines. Un trozo de ciclo azul verde con
pequeña nube blanca y violeta. En primer plano un
cardo y hierbas secas.
Un paisano arrastra una gavilla de paja en el medio.
Es otro estudio rudo, y en lugar de ser casi
enteramente amarillo, es una tela casi totalmente
violeta. Violetas quebrados y neutros, Pero te
escribo esto porque creo que completará "El
segador" y hará ver mejor lo que es. Ya que "El
segador” parece hecho al tuntún, y esto lo
equilibrará. Apenas se seque te lo envío con la copia
del "Dormitorio". Si alguien ve los estudios, te
ruego que los muestres juntos, a causa de la
oposición de los complementarios.
Además, esta semana hice la entrada de una
cantera que es como una cosa japonesa; ¿te acuerdas
que hay dibujos japoneses de peñascos en los que
de tanto en tanto crecen hierbas y arbolitos? De vez
en cuando hay momentos en que la naturaleza es
soberbia, efectos de otoño de un color glorioso,
cielos verdes que contrastan con vegetaciones
amarillas, anaranjadas, verdes, terrenos de todos los
violetas, la hierba quemada donde las lluvias, no
obstante, dieron un último vigor a ciertas plantas,
que se ponen a producir nuevamente pequeñas
flores violetas, rosadas, azules, amarillas. Cosas que
uno se pone melancólico al no poder reproducir.
Y cielos, como nuestros cielos del Norte, pero
los colores de las puestas y salidas del sol son más
variados y más francos.
Como en los Jules Dupré y los Ziem.
También tengo dos panoramas del parque y del
sanatorio, donde este lugar parece muy agradable.
Traté de reconstruir la cosa como pudo ser,
simplificando y acentuando el carácter orgulloso e
inalterable de los pinos y arbustos de cedro contra
el cielo azul.
... La melancolía me invade muy a menudo con
gran fuerza.
Cuanto más se normaliza la salud y más capaz
siento la cabeza de razonar fríamente, más me
parece una locura, una cosa totalmente contra la
razón pintar, que nos cuesta tanto y no reporta
nada, ni siquiera el precio de costo. Entonces me
siento muy triste y el problema es que a mi edad es
terriblemente difícil volver a empezar otra cosa.
... Me has hecho un gran favor en enviarme esos
Millet. Estoy trabajando activamente en ellos. A
fuerza de no ver nunca nada artístico me embrutecía
y esto me reanima. Terminé «La velada» y comencé
«Los cabadores» y el hombre que se pone el saco,
telas de 30, y «El sembrador», más pequeño. «La
velada» está dentro de una gama de violetas y lilas
suaves con luz de la lámpara amarillo pálido,
además, el resplandor anaranjado del fuego y el
hombre en ocre rojo. Lo verás; me parece que
pintar según esos dibujos de Millet es traducirlos a
otra lengua antes que copiarlos.
Aparte de esto tengo en marcha un efecto de
lluvia y un efecto de tarde con grandes pinos.
Y también una caída de hojas.
La salud va muy bien, salvo a menudo mucha
melancolía, pero me siento bien, mucho mejor que
este verano y hasta mejor que cuando venía aquí, y
hasta mejor que en París.
También las ideas para el trabajo se vuelven más
firmes, a mi parecer. Pero no sé si te gustará lo que
ahora hago. Ya que a pesar de lo que dices en tu
carta anterior, que la búsqueda del estilo a menudo
perjudica a otras cualidades, la cuestión es que me
siento muy llevado a buscar estilo, si quieres, pero
por ello entiendo un dibujo más varonil y más
voluntario.
... Tanto como sea posible trato de simplificar la
lista de los colores; así muy a menudo empleo,
como en otros tiempos, los ocres. Bien sé que los
estudios dibujados con grandes líneas tan nudosas
del último envío no eran lo que debían ser, sin
embargo me atrevo a exhortarte a que creas que en
el paisaje se seguirá tratando de concentrar las
cosas, por medio de un dibujo que trate de expresar
su enmarañamiento. ¿Te acuerdas del paisaje de
Delacroix: «La lucha de Jacob con el ángel»? ¡Y hay
otros de él!, por ejemplo los acantilados y justamente
las flores de las que a veces hablas. Bernard
realmente encontró cosas perfectas allí. En fin, no
tomes demasiado rápidamente una resolución en
contra.
Verás que en un gran paisaje con pinos, troncos
ocre rojo cortados por un trazo negro, ya hay más
carácter que en los precedentes.
... Voy a trabajar un poco más afuera; hay
mistral. Hacia el momento de la puesta del sol
generalmente se calma un poco, entonces hay
efectos soberbios de cielos limón pálido y los pinos
desolados destacan sus siluetas contra el cielo con
efectos de exquisito encaje negro.
Otras veces el cielo es rojo, otras de un tono
extremadamente fino neutro, de limón pálido
también, pero neutralizado por lila fino.
Tengo un efecto de tarde de otro pino contra
rosa y amarillo verde.
A pesar del frío hasta ahora sigo trabajando
afuera y creo que me hace bien a mí y al trabajo.
El último estudio que hice es un panorama del
pueblo, en el que estaban reparando las veredas,
bajo plátanos enormes. Por consiguiente, hay
montones de arena y piedras, troncos gigantescos, el
follaje amarilleante y de tanto en tanto se entrevé
una fachada y pequeñas figuras.
... Verás que en los grandes estudios no hay más
empastes, preparo la cosa con especies de aguadas
de aguarrás y luego procedo por pinceladas o rayas
coloreadas y espaciadas. Eso da aire y gasta menos.
Mi querido Théo:
Muchas gracias por tu carta del 22 de diciembre,
conteniendo un billete de 50 francos; primero te deseo
a ti y a Jo un feliz año y lamento haberte
causado inquietudes aunque involuntariamente, ya
que el Sr. Peyron ha debido escribirte que una vez
más tuve la cabeza perturbada.1
Irónicamente, en una carta de Théo que Vincent
recibe en esos días, y cuando Théo aún no sabe
nada de la crisis, éste escribe:
«Debemos estar contentos de que, desde el año
pasado a esta época, estés mucho mejor. Entonces
temía que no te curarías.»
Es preciso sobre todo que no pierda mi tiempo,
voy a ponerme a trabajar apenas lo permita el Sr.
Peyron, y si no lo permite, entonces corto
rotundamente con este lugar. Esto es lo que todavía
me mantiene relativamente en equilibrio, y todavía
tengo un montón de ideas para nuevos cuadros.
1 Luego de la anterior crisis de Vincent, crisis que lo dejó postrado
durante tres semanas (y en el curso de la cual intentó suicidarse), el Dr.
Peyron le había dejado entrever que alrededor de Navidad volvería a
tener otra crisis. Esta crisis se produce en la fecha prevista.
Ah, mientras estaba enfermo caía nieve húmeda
que se derretía, y me levanté de noche para mirar el
paisaje. Nunca, nunca la naturaleza me pareció tan
emocionante y sensitiva.
Las ideas relativamente supersticiosas que aquí
tienen acerca de la pintura me ponen a veces más
melancólico de lo que podría decirte, aunque en el
fondo siempre es un poco cierto que un pintor
como hombre está demasiado absorbido por lo que
ven sus ojos y no domina el resto de su vida.
... Hoy envié algunas telas, las siguientes:
«Campo arado» con fondo de montañas; es el
mismo campo del segador de este verano y puede
hacer juego con él; creo que uno valorizará al otro.
«El barranco», es el estudio hecho en un día de
mistral, yo había calzado mi caballete con grandes
piedras, el cuadro no está seco, es de un dibujo más
conciso, hay más pasión contenida y es más
coloreado.
Este puede ir con otro estudio de montañas,
efecto de verano con una ruta en primer plano y una
barraca negra.
«Las aceituneras», este cuadro lo había
destinado a nuestra madre y hermana, para que
tengan algo un poco estudiado.
También tengo para ti una copia y el estudio del
natural (más coloreado con tonos más graves).
«Los campos», campos de trigo joven con
fondo de montañas lilas y cielo amarillento.
«Olivos», cielo de poniente anaranjado y verde
(aquí hay otra variante con figuras).
Idem, efecto neutro.
Idem, efecto neutro.
«Los grandes plátanos», calle principal o bulevar
de Saint-Remy, estudio del natural, aquí tengo una
copia quizá más hecha.
Copia de Millet: «Los cavadores»Idem,
« La velada».
Todavía me olvido «La lluvia».
Ten la bondad de no mirarlas sin montarlas en
bastidores y enmarcarlas de blanco, es decir que
desclavarás otras telas y montarás a éstas sobre los
bastidores, una a una, si quieres, para darte cuenta
del efecto. Ya que las coloraciones necesitan
absolutamente el contraste del marco blanco para
juzgar el conjunto. Así la lluvia, los olivos grises,
casi no pueden verse sin el marco.
Me produjo un gran placer lo que dices de la
copia de Millet: «La velada».
Cuanto más pienso en eso, más me parece que
tratar de reproducir cosas de Millet, cosas que no
tuvo tiempo de pintar al óleo, tiene su razón de ser.
Entonces trabajar ya sea en sus dibujos ya en los
grabados sobre madera, no es copiar pura y
simplemente.
Es más bien traducir en otra lengua -la de los
colores - las impresiones de claroscuro en blanco y
negro. Así, acabo de terminar las otras tres «Horas
de la jornada» según las maderas de Lavieille. Eso
me costó mucho tiempo y mucho trabajo.
Porque tú sabes que ya este verano hice «Los
trabajos del campo».
Pero esas reproducciones - algún día las verás -
no las envié porque eran más tanteos que éstas, pero
sin embargo me sirvieron mucho para las «Horas de
la jornada». Quizá más tarde pueda hacer litografías
con éstas.
... Creo que si fuera a París, en los primeros
tiempos no haría nada más que dibujar de moldes
griegos, porque todavía necesito seguir estudiando.
... Lo que los impresionistas encontraron para el
color, se acrecentará todavía más, pero hay un lazo
que muchos olvidan, que lo liga al pasado, y yo me
esforzaré en mostrar que no creo en una separación
rigurosa de los impresionistas y de los otros.
Me parece muy dichoso que en este siglo haya
habido pintores como Millet, Delacroix, Meissonier,
que no se pueden superar. Ya que aunque no gusta
tanto Meissonier como ciertas personas, no hay que
andar con vueltas cuando se ve sus «Lectores», su
«Alto» y tantos otros cuadros, ahí hay algo. Y
entonces se deja de lado lo que es su fuerte, es decir,
la pintura militar, porque eso nos gusta menos que
los campos.

Agosto 1889 Campo Amarillo

Agosto de 1889.
Ayer me puse otra vez a trabajar un poco –algo
que veo desde mi ventana - un campo amarillo en
plena labor; la oposición de la tierra labrada
violácea con las fajas de rastrojo amarillo, fondo de
colinas. El trabajo me distrae infinitamente más que
cualquier otra cosa y si pudiera, cuando ya me sienta
bien, dedicarme de lleno con toda mi energía, sería
posiblemente el mejor remedio.
La imposibilidad de tener modelos, un montón
de otras cosas, sin embargo, me frenan.
2 Otro de los comentarios irónicos de van Gogh al referirse a
Charenton, lugar donde se encontraba el principal manicomio francés.
En fin, debo ir aceptando las cosas con cierta
pasividad y he de tener paciencia.

Septiembre de 1889.
Mi viejo, mi buen amigo, no olvidemos que las
pequeñas emociones son los grandes capitanes de
nuestras vidas y que las obedecemos sin saberlo.
Aunque recobrar el valor ante las faltas cometidas o
por cometer sería mi curación, no olvidemos que
tanto nuestros «spleens» y melancolías, como
nuestros sentimientos de bondad y de sentido
común, no son nuestros únicos guías, ni, sobre
todo, nuestros guardianes definitivos y que aunque
tú también te encuentres frente al riesgo de duras
responsabilidades, o una obligación, ¡a fe mía!... no
nos ocupemos demasiado el uno del otro, ya que,
fortuitamente, las circunstancias de vivir en estados
de cosas tan alejadas de nuestros conceptos de juventud
sobre la vida de artista, nos habrán de
hermanar con lo si fuéramos, bajo muchos aspectos,
compañeros de aventura. Las cosas se mantienen de
tal forma, que aquí a veces se encuentran cucarachas
en el comedor, como si se estuviera verdaderamente
en París; por el contrario, podría suceder que en
París tuvieras a veces una verdadera sensación de
campo.
No viene a ser una gran cosa, pero en fin, es
tranquilizante. Acepta, pues, tu paternidad como la
aceptaría un buen hombre de nuestras viejas
florestas, las cuales, a través de todo el ruido,
tumulto, bruma y angustia de las ciudades todavía
nos son -por tímida que sea nuestra ternura -
inefablemente apreciables. Es decir, acepta tu
paternidad en tu calidad de exiliado, de extranjero y
de pobre, basándote en lo sucesivo con el instinto
del pobre en la probabilidad de la existencia
verdadera de la patria, de la existencia verdadera del
recuerdo, aun cuando todos los días lo olvidemos.
Total, tarde o temprano encontramos nuestra suerte;
pero en verdad, para ti, como para mí, sería un poco
hipócrita olvidar nuestro buen humor, nuestro
confiado dejar correr las cosas como pobres
diablos, tal como seremos en este París ahora tan
extraño y que pesará demasiado sobre nuestras
preocupaciones.
En verdad, estoy muy contento de que mientras
aquí a veces hay algunas cucarachas en el comedor,
en tu casa hay mujer y niño.
Por otra parte, es tranquilizante que, por
ejemplo, Voltaire, nos permita la libertad de no
creer absolutamente en todo lo que imaginemos.

5 Julio 1889 La Sobriedad

5 de julio de 1889.
Aquí vivo sobriamente, porque tengo la
posibilidad de hacerlo; antes bebía, porque de otra
manera no sabía qué más hacer.
¡En fin, esto me es igual!... La sobriedad muy
calculada - es cierto - lleva sin embargo a un estado
de ánimo en el cual el pensamiento, si huye, huye sin
interrupciones. En fin, es una diferencia como
pintar gris o coloreado. Voy, en efecto, a pintar más
gris.
Me he divertido mucho ayer leyendo Medida
por medida. Después he leído Enrique VIII, donde
hay pasajes tan bellos, como, por ejemplo, aquel de
Bueckingham y las palabras de Wolsey después de
su caída.
Veo que tengo la oportunidad de poder leer o
releer esto a mis anchas, y después espero leer por
fin Homero.
Afuera, las cigarras cantan desgañitándose, un
grito estridente, diez veces más fuerte que el de los
grillos, y la hierba quemada adquiere hermosos
tonos de oro viejo. Las bellas ciudades del Mediodía
están tan muertas como nuestras ciudades a lo largo
del Zuyderzee, antes animadas.
A pesar de la caída y la decadencia de las cosas,
las cigarras, admiradas por el bueno de Sócrates,
perduraron. Y aquí en verdad cantan todavía el
antiguo griego.
¡Qué historia esta venta Sécretan!...1
Siempre me causa placer esto de que los Millet
se mantengan. Pero me gustaría que hubiera más
reproducciones buenas de Millet, para que el pueblo
se enterara.
Durante muchos días he estado absolutamente
extraviado como en Arlés, tanto si no peor, y es de
presumir que estas crisis se irán repitiendo; es
abominable.
Llevo ya cuatro días sin poder comer, tengo la
garganta inflamada. Si te cuento estos detalles,
supongo que no es porque me guste quejarme, sino
para probarte que no estoy en estado de ir a París o
1 El remate de la colección Sécretan,
que incluía pintura antigua
fundamentalmente, cuadros de la escuela de Birbizon.
La venta se realizó del 1 al 8 de julio de 1889 y
«El Angelus», de Millet, se cotizó en 553.000 francos.
a Pont Aven, a menos que fuera a Charenton.2 Esta
nueva crisis, mi querido hermano, me tomó en
pleno campo, y cuando estaba pintando, un día de
viento. Te enviaré la tela que he terminado a pesar
de eso. Y precisamente era un ensayo más sobrio,
de color mate sin apariencia, verdes quebrados,
rojos y amarillos ferruginosos de ocre, tal como te
decía que por momentos sentía el anhelo de
recomenzar con una paleta como la del norte.

25 Junio 1889 Estudio de Cipreses

25 de junio de 1889.
Dos estudios de cipreses de este difícil matiz
verde botella, he trabajado en ellos los primeros
planos con empastamiento de blanco de albayalde,
lo que da firmeza a los terrenos.
Creo que muy a menudo los Monticelli estaban
preparados así. Arriba se pasa entonces otro color.
Pero no sé si las telas son bastante fuertes para este
trabajo...
He releído con mucho gusto Zadig o el destino,
de Voltaire. Es como Cándido.
Ahí al menos, la fuerza del autor hace entrever
que queda una posibilidad de que la vida tenga un
sentido, «aunque cuando conversan convienen en
que las cosas de este mundo no marchan siempre al
gusto de los más sabios». Tengo un campo de trigo
muy amarillo y muy claro, tal vez la tela mas clara
que haya hecho.
Los cipreses me preocupan siempre; quisiera
hacer algo como las telas de los girasoles, porque
me sorprende que nadie los haya hecho todavía
como yo los veo.
En cuanto a líneas y proporciones, es bello
como un obelisco egipcio.
Y el verde es de una calidad tan distinguida.
Es una mancha negra en un paisaje lleno de sol;
pero es una de las notas negras más interesantes, de
las más difíciles de captar exactamente, que pueda
imaginar.
Luego hay que verlos aquí, contra el azul, en el
azul para decir mejor. Para hacer la naturaleza, aquí
como en cualquier parte, se precisa estar mucho
tiempo. Así un Monthénard no me da la nota
verdadera e íntima, porque la luz es misteriosa y
Monticelli y Delacroix sentían esto. Pisarro lo decía
muy bien hace tiempo; y Yo estoy todavía muy lejos
de poder hacerlo como él decía que se debía hacer.
Me pondría muy contento si pudieras
mandarme pronto los colores; pero hazlo como
puedas, sin molestarte mucho...
Creo que de estas dos telas de cipreses, aquella
de la cual hago el croquis será la mejor. Los árboles
son muy grandes y macizos. Un primer plano muy
bajo con zarzas y malezas. Detrás de las colinas
violetas un cielo verde y rosa con una luna creciente.
El primer plano sobre todo está muy empastado,
con mechones de zarzas que tienen reflejos
amarillos, violetas y verdes.
Asimismo, te agradezco muy cordialmente el
Shakespeare. Me ayudará a no olvidar el poco de
inglés que sé; pero, sobre todo, es tan bello. He
comenzado a leer la serie que más ignoro; lo que en
otro tiempo, por andar distraído en otra cosa o por
no tener tiempo, me era imposible leer: La serie de
los reyes; he leído ya Ricardo II, Enrique IV y la
mitad de Enrique V. Yo leo sin reflexionar si las
ideas de la gente de aquellos tiempos son las mismas
que las nuestras, o qué resultan cuando se las
contrapone a las creencias republicanas, socialistas
de nuestro tiempo, porque las voces de esa gente
que en el caso de Shakespeare nos llegan desde una
distancia de varios siglos, no nos parecen
desconocidas.
Son tan vibrantes que parece que se las
reconoce y ve.
Así, lo que sólo o casi sólo Rembrandt tiene
entre los pintores, esa ternura en la mirada de los
seres que vemos, sea en los Peregrinos de Emaús,
sea en la Novia judía, sea en tal figura extraña de
ángel como el cuadro que has tenido oportunidad
de ver -esa ternura afligida, ese infinito
sobrehumano entreabierto y que entonces parece
tan natural, aparece en Shakespeare repetidas veces.
Y luego, los retratos graves o alegres, tales el Six y el
Viajero y la Saskia; es sobre todo aquí, donde
alcanza la plenitud...
A fin de que te hagas una idea de lo que tengo
preparado, te envío hoy una decena de dibujos,
todos de las telas en preparación.
La última comenzada es el campo de trigo
donde hay un pequeño segador y un gran sol. La
tela es toda amarilla con excepción de la pared y del
fondo de colinas violáceas. La tela, cuyo motivo es
casi igual, es diferente en colorido, siendo de un
verde grisáceo y un cielo blanco y azul...

19 Junio 1889 Paisaje con Olivos

19 de junio de 1889.
En fin, tengo un paisaje con olivos y también un
nuevo estudio de cielo estrellado.
Aun sin haber visto las últimas telas, ni de
Gauguin ni de Bernard, estoy bastante persuadido
de que estos dos estudios que te cito son de un
sentimiento paralelo.
Cuando hayas visto algún tiempo, estos dos
estudios, lo mismo que aquel del musgo, podrás
mejor que con palabras darte una idea de las cosas,
que Gauguin, Bernard y yo hemos hablado algunas
veces y que nos han preocupado; no es una vuelta al
romanticismo o a las ideas religiosas, no. Sin
embargo, más allá de Delacroix, más de lo que esto
parece, por el color y un dibujo más voluntario que
la exactitud del que engaña la vista, se expresara una
naturaleza de campo pura que los arrabales, los
cabarets de París.
Se busca pintar seres humanos, igualmente más
serenos y más puros que los que Daumier tenia bajo
sus ojos; pero quede claro que hay que seguir a
Daumier para dibujar esto.
Que esto exista o no, lo dejamos aparte; pero
creemos que la naturaleza se tiende al otro lado de
Saint-0uen.
Quizá leyendo a Zola continuamos
emocionándonos con el sonido del puro francés de
Renan, por ejemplo.
Gauguin, Bernard y yo quizá quedemos en el
camino, no venceremos; pero tampoco caeremos
vencidos; quizás estemos aquí no el uno para el
otro, sino para consolar o para preparar una pintura
más consoladora.
Lo que sí me sería muy agradable tener aquí,
para leer de cuando en cuando, sería un
Shakespeare. Hay a un chelín «Dicks shilling
Shakespeare», que está completo.
Las ediciones no faltan y creo que las baratas no
son muy distintas de las mas caras.
En todo caso, no querría que costaran más de
tres francos.

25 Mayo 1889 Berceuse

25 de mayo de 1889.
Lo que dices de la Berceuse me causa placer; es
muy justo que la gente del pueblo que se paga los
cromos y escucha con sentimentalismo los
organillos, esté vagamente en lo cierto y sea quizá
más sincera que algunos mundanos elegantes que
van al Salón.
A Gauguin, si quiere aceptarlo, le darás un ejemplar
de la Berceuse, el que no estaba montado sobre
bastidor; y a Bernard también, como testimonio de
amistad. Pero si Gauguin quiere los girasoles, no
deja de ser justo que a cambio te de algo que te
guste de igual modo.
El mismo Gauguin tardó en apreciar sobre todo
los girasoles, aunque ya hacía tiempo que los
conocía.
Falta saber aún que si los pones en ese sentido,
o sea la Berceuse en el medio y los girasoles, es
decir, las dos telas, a derecha e izquierda, pueden
formar un tríptico.
Y entonces los tonos amarillos y anaranjados de
la cabeza cobran más esplendor por la vecindad de
los paneles amarillos.
Y entonces comprenderás lo que te escribía, que
mi idea había sido hacer una decoración que sería,
por ejemplo, para el fondo del camarote de un
navío. Entonces alargándose el formato, la factura
sumaria cobra su razón de ser. El marco del medio
es entonces el rojo. Y los dos girasoles que lo
acompañan son los enmarcados con varillas.
Ves que este enmarcamiento de simples latas
queda bastante bien y un marco como éste cuesta
muy poco. Quizá conviniera también enmarcar así
las viñas rojas, el sembrador, los sillones y el
interior del dormitorio.
Añado una nueva tela de 30, trivial todavía
como un cromo de bazar que representa los eternos
nidos de verdura para los enamorados.
Gruesos troncos de árboles cubiertos de musgo,
el suelo también cubierto de musgo y de
vincapervinca, un banco de piedra y un macizo de
rosas pálidas en la sombra fría. En el primer plano
algunas plantas de cálices blancos. Es verde, violeta
y rosa.
No se trata -lo que falta desgraciadamente a los
cromos de bazar y a los organillos - de poner estilo.
Desde que estoy aquí en el jardín desolado crece
alta y mal cuidada una hierba entremezclada de
cizañas diversas, que me ha bastado para trabajar y
todavía no he salido afuera. Sin embargo, el paisaje
de Saint-Rémy es muy bello y con el tiempo saldré a
dar algunos paseos, (probablemente).
Pero quedándome aquí, naturalmente, el médico
ha podido ver mejor lo que era y se sentirá,
supongo, más tranquilo sobre lo que puede dejarme
pintar.
Te aseguro que estoy bien aquí y que por el momento
no veo razón, en lo más mínimo, para ir a
una pensión en París o sus alrededores. Tengo un
pequeño cuarto empapelado de gris, verde, con dos
cortinas verde de agita con dibujos de rosas muy
pálidas, reavivadas con delgados trazos de rojo
sangre.
Estas cortinas, probablemente de algún rico
arruinado y difunto, son muy lindas en cuanto al
dibujo. De la misma fuente proviene con seguridad
un sillón muy gastado, recubierto de una tapicería
manchada a lo Díaz o a lo Monticelli, pardo, rojo,
rosa, blanco, crema, negro, azul miosotis y verde
botella; a través de la ventana con rejas de hierro
percibo un cuadro de trigo en un cercado, una
perspectiva a lo van Goyen; por encima, cada
mañana veo levantarse el sol en toda su gloria. Con
esto -como hay más de 30 cuartos vacíos - tengo un
cuarto más para trabajar.
La comida es regular. Se nota naturalmente un
poco de moho, como en un restaurante con
cucarachas en París o en un pensionado. Estos
infelices, como no hacen absolutamente nada (ni un
libro, para distraerles no hay más que un juego de
bolos y uno de damas) no tienen otra distracción
diaria que atiborrarse de garbanzos, habichuelas,
lentejas y otros especies y artículos coloniales, en
cantidades regulares y a horas establecidas.
Como su digestión ofrece ciertas dificultades,
colman así sus días, de una manera tan inofensiva
como poco costosa.
Pero no te engaño, el miedo de la locura se me
pasa considerable mente viendo de cerca a aquellos
que ya andan aquejados, con la misma facilidad con
que luego pueda aquejarme a mí, puedo a
continuación estarlo muy fácilmente.
Antes esos seres me repugnaban y era algo
desolador para mí pensar que tanta gente de nuestro
oficio: Troyon, Marchal, Méyron, Jundt, Maris,
Monticelli y un montón más, habían terminado así.
No podía ni siquiera representármelos en lo más
mínimo, en este estado. ¡Pues bien!... ahora pienso
en todo esto sin temor, es decir, que no lo
encuentro más atroz que si estas personas hubieran
muerto de otra cosa, de la tisis o de la sífilis, por
ejemplo.
A estos artistas los veo recobrar su porte sereno
y ¿crees que sea poca cosa volver a encontrar a los
antiguos del oficio? Eso es lo que me reconforta tan
profundamente.
Porque, aunque haya quienes aúllen o suelan
estar locos, hay aquí mucha amistad verdadera entre
unos y otros; ellos dicen: hay que aguantar a los
demás para que los demás nos toleren; y otros
razonamientos muy justos que ponen así en
práctica. Y entre nosotros nos comprendemos muy
bien; yo puedo, por ejemplo, hablar alguna vez con
alguien que no me responde más que con sonidos
incoherentes porque no tiene miedo de mí. Si
alguno cae en una crisis los otros lo cuidan e
intervienen para que no se lastime.
Y lo mismo sucede con aquellos que tienen la
manía de agredirse siempre. Los residentes más
antiguos de la casa de salud acuden y separan a los
combatientes en plena pelea.
Es cierto que también hay algunos casos más
graves, sea porque son muy sucios, o sea, por
peligrosos. Estos están en otro patio. Ahora tomo
dos veces por semana un baño en que permanezco
dos horas; además el estómago anda infinitamente
mejor que hace un año; no tengo, pues, más que
seguir como estoy.
Aquí gasto menos que en otra parte, creo,
teniendo en cuenta que aquí trabajo sobre el terreno
porque la naturaleza es muy bella.
Mi esperanza sería que al cabo de un año
estuviera mejor que ahora, en lo que puedo y en lo
que quiero. Entonces se me ocurría, poco a poco,
algo para recomenzar. Volver a París o a cualquier
sitio, en la actualidad no me atrae; aquí me
encuentro muy bien. La mayor parte de los que
están aquí sufren, por lo que veo, al cabo de años,
de un amodorramiento extremo.
Así que mi trabajo me preservará de esto, hasta
cierto punto.
La sala que tenemos para los días de lluvia es
como una sala de espera de tercera clase, de las que
se estilan en algunos lugares; tanto más, cuanto que
hay honorables alienados que llevan siempre un
sombrero, anteojos, un bastoncillo y vestido de
viaje, casi como en los baños de mar y que fingen
allí ser pasajeros.
No tengo más remedio que pedirte algunos
colores y sobre todo tela. Cuando te envíe las cuatro
telas que tengo en preparación del jardín, verás que
como la vida pasa sobre todo en el jardín, no es tan
triste esto. Ayer dibujé una gran mariposa nocturna,
bastante rara, que se llama cabeza del muerto, de un
colorido distinguido y asombroso, negro, gris,
blanco matizado de reflejos acarminados o que
giran vagamente sobre el verde oliva; es muy
grande. Para pintarla, hubiera tenido que matarla y
esto era una lástima, con lo bello que era el
animalito.
Te enviaré el dibujo con algunos dibujos de
plantas.
Esta mañana he mirado la campiña desde mi
ventana largo tiempo, antes de la salida del sol; no
había más que la estrella matutina, que parecía muy
grande Daubigny y Rousseau han hecho esto, sin
embargo, con la expresión de toda la intimidad y
toda la gran paz y majestad que esto tiene y
agregando un sentimiento muy encantador muy
personal. Estas emociones yo no las detesto.
Tengo siempre enormes remordimientos,
cuando pienso en mi trabajo tan poco en armonía
con lo que hubiera deseado hacer.
Espero que con el tiempo, esto me llevará a
realizar mejores cosas; pero todavía falta...
Ya ves, casi un mes que estoy aquí, ni una sola
vez me ha venido el menor deseo de ir a otro sitio;
la voluntad para volver a trabajar sólo se ha
afirmado un poquito...
¿Has leído el nuevo libro de Guy de
Maupassant, Fuerte como la muerte; cuál es el tema?
Lo que yo he leído en esta categoría, era en último
término El sueño de Zola; encontré muy bella la
figura de mujer, la bordadora y la descripción del
bordado, todo en oro. Precisamente, porque esto es
como una cuestión de color de distintos amarillos,
enteros y quebrados. Pero la figura de hombre me
pareció poco viva y la gran catedral también me
despertó la melancolía. Solamente este realce lila y
azul negro, hace, si se quiere, resaltar la figura rubia.
Pero, en fin, ya hay cosas de Lamartine como éstas.
¿Qué podría decirte de nuevo?; no mucho.
Tengo en preparación dos paisajes (telas de 30),
vistas tomadas en las colinas; una es la campiña que
percibo desde la ventana de mi habitación. En
primer plano, un campo de trigo asolado y
tronchado, después de una tormenta. Una tapia y
del otro lado, el gris verde de algunos olivos,
cabañas y colinas. En fin, en lo alto de la tela, una
gran nube blanca y gris sumergida en el azul.
Este es un paisaje de una extremada simplicidad
-también en cuanto al colorido. Haría juego con ese
estudio de dormitorio, que está deteriorado. Cuando
la cosa representada, en tanto estilo, es una y está
perfectamente de acuerdo con la manera de representarla,
¿no reside en eso la permanencia de algo
de arte? Eso explica que un pan casero, en cuestión
de pintura, sea sobre todo bueno cuando está
pintado por Chardin.
Por ejemplo, el arte egipcio lo que lo hace
extraordinario ¿no son esos serenos reyes calmos,
sabios, dulces y buenos, que parecen no poder ser
otra cosa que lo que son eternamente: agricultores
adoradores del sol? Así, los artistas egipcios, que
tenían una fe y trabajaban por sentimiento e
instinto, expresan todas esas cosas inefables: la
bondad, la paciencia infinita, la sabiduría, la
serenidad, por medio de ciertas sabias curvas y
proporciones maravillosas. Quiero decir una vez
más que cuando la cosa representada y la manera de
representarla concuerdan, el todo tiene estilo y
permanencia.
Cuando veo un cuadro que me interesa mucho,
me pregunto siempre involuntariamente «¿en qué
casa, en qué cuarto, en casa de qué persona quedará
bien, estará en su sitio?».
Así los cuadros de Hals, de Rembrandt, de v. d.
Meer,1 no están en su sitio más que en la antigua
casa holandesa.
Siempre pasa que si un interior no está
completo sin una obra de arte, un cuadro no lo está
tampoco si no hace juego con un ambiente original
y que resulte de la época en la cual ha sido
producido. Y yo no sé si los impresionistas valen
más que su tiempo o no valen tanto aún. En una
palabra: ¿Hay almas e interiores de casa más
importantes que lo que ha sido expresado por la
pintura? Me siento inclinado a creerlo...
En el paisaje de aquí, muchas cosas hacen
pensar a menudo en Ruysdael; pero la figura de los
labradores falla.
1 Vermeer de Delft.
Entre nosotros, por todas partes y en cualquier
época del año se ven hombres, mujeres, niños,
animales trabajando; y aquí ni siquiera un tercio
equivale al trabajador franco del norte. El de aquí
parece que trabaje con mano torpe y descuidada, sin
ánimo. Quizá sea ésta una idea equivocada que me
hago; lo supongo al menos, no siendo del país. Pero
esto deja las cosas más frías de lo que permite creer
de Tartarín, que tal vez lleva ya muchos años
expulsado con toda su familia.
Por eso, me siento tentado de recomenzar con
los colores más simples, los ocres por ejemplo.
¿Acaso un van Goyen o un Michel es feo
porque esté pintado, totalmente en óleo, con muy
poco color neutro?

Saint Remi (3 de mayo 1889-16 de mayo de 1890)

SAINT – REMY
(3 de mayo 1889-16 de mayo de 1890)
8-9 de Mayo 1889.
Mi querido Théo:
Gracias por tu carta. Tienes mucha razón en
decir que el señor Salles ha estado perfecto en todo
esto; tengo mucho que agradecerle.
Quisiera decirte que creo que hice bien en venir
aquí; primero, al ver la realidad de la vida de los
locos o tocados en este circo1 de fieras, pierdo el
vago temor, el miedo a eso. Y poco a poco puedo
llegar a considerar la locura como cualquier otra
enfermedad. Después, el cambio de ambiente, me ha
hecho bien. Por lo que sé, el médico de aquí está
inclinado a considerar lo que he tenido como un
ataque de naturaleza epiléptica. Pero después no le
he preguntado.
1 Van Gogh califica muchas veces el asilo de Saint-Remy, cerca de
Arlés (donde estuvo interno un año) de ménagerie» o sea «colección de
fieras o animales raros, jardín zoológico».
Se ha traducido por «circo»
para conservar el tono irónico de van Gogh.
Habrás recibido ya la caja de cuadros. Estoy
ansioso de saber si se resintieron o no.
Tengo otros dos en preparación -flores de iris
violetas y un macizo de lilas; dos motivos tomados
en el jardín.
La idea del deber de trabajar vuelve de a poco y
creo que todas mis facultades para el trabajo me volverán
bastante pronto. Sólo que el trabajo me
absorbe con frecuencia de tal modo que creo que
me quedaré siempre abstraído e incapaz también de
saber desenvolverme en el resto de mi vida.

9 de mayo de 1889.1
Es bastante gracioso que el resultado de este
terrible ataque sea que en mi mente queden apenas
algunos deseos o esperanzas muy claras; y me
pregunto si pensar de esa manera, cuando las
pasiones ya están algo extinguidas, obedece a que
bajamos por la montaña en lugar de subirla. En fin,
hermana, si usted puede creer, o casi, que siempre
va todo de la mejor manera en el mejor de los
mundos, entonces podrá creer igualmente que París
1 Carta dirigida a la esposa de Théo.

es la mejor de las ciudades.2 ¿Ha observado ya que
los viejos caballos de tiro tienen grandes y
hermosos ojos afligidos como algunas veces los
cristianos? Sea como sea, nosotros no somos
salvajes ni aldeanos y tenemos quizás hasta el deber
de amar la civilización, (así llamada). En fin, sería
probablemente hipócrita decir o creer que París es
malo, cuando se vive en él. Por otra parte, la
primera vez que se ve París parece todo allí contra
la naturaleza, sucio y triste.
En fin, el que no ama a París no ama la pintura
ni a aquellos que directa o indirectamente se ocupan
de ella, porque es más que dudoso que esto sea bello
o útil.
¿Pero qué quiere? Hay personas que aman la
naturaleza aunque estén lelas o enfermas, ahí se ven
los pintores; después están los que aman lo que hace
la mano del hombre y éstos hasta llegan a amar los
cuadros. Aunque haya aquí algunos enfermos muy
2 Théo le ofrece a Vincent ir a París para que su estadía en Saint-
Remy se acorte, Vincent decide quedarse allí y permanece casi un año
en una aparente tranquilidad y fuerte producción. Intenta varias veces
suicidarse, ya sea ingiriendo los colores para pintar o el petróleo de las
lámparas.
graves, el miedo, el horror que yo tenía antes de la
locura, ya se ha suavizado mucho.

2 de Mayo 1889 La legión

2 de mayo de 1889.
Me gustaría enrolarme; pero me da miedo
(como en la ciudad ya conocen todos el accidente)
que aquí me rechacen; lo que temo entonces, o más
bien lo que me vuelve tímido, es la posibilidad, la
probabilidad aquí, de una negativa. Si yo tuviera
alguna certidumbre de que podría alistarme por
cinco años en la legión, iría.
Pero sucede que no quiero que esto sea
considerado como un nuevo acto de locura de mi
parte; y es por esto que te insisto, así como al señor
Salles, para que cuando vayáis, actuéis con toda
serenidad y reflexión...Quizá, me digo; en fin, sea lo que sea, si yo
supiera que me iban a aceptar, iría a la legión. Es
que me he vuelto tímido y vacilante desde que vivo
maquinalmente.
Entretanto, la salud marcha muy bien y trabajo
un poco. Tengo en preparación una avenida de
almendros con flores rosas, con un pequeño cerezo
en flor y una planta de glicina y el sendero del
parque manchado de sol y sombra.
Hará juego con el jardín que está en el marco de
nogal.Si te hablo de enrolarme por cinco años, no
vayas a pensar que hago esto con idea de
sacrificarme o de hacer el bien.
Yo estoy «atravesado»en la vida y mi estado
mental no sólo es sino que ha sido también
abstracto, de manera que cualquier cosa que se haga
por mí, no puedo pensar en equilibrar mi vida.
Cuando debo seguir una regia, como aquí en el
hospicio, me siento tranquilo. Y en el servicio,
pasaría más o menos lo mismo. Claro que aquí me
arriesgo mucho a que me rechacen, porque saben
que soy alienado o epiléptico probable por lo
menos (a lo que he oído decir, hay 50 mil epilépticos
en Francia, de los cuales solamente 4.000
internados; así que no es tan extraordinario) quizás
en París, hablándole por ejemplo a Détaille o a
Caran d'Ache, me incorporarían pronto.
Podrá parecer una cabezonada no peor que otra;
en fin, reflexionemos, pero para obrar.
Mientras tanto, hago lo que puedo por trabajar
no importa en qué, incluyendo la pintura; tengo una
buena voluntad aceptable.
Pero el dinero que cuesta la pintura... es algo que
me aplasta bajo una sensación de deuda y de cobardía;
y convendría que cesara tan pronto como fuera
posible.
3 de mayo de 1889.
¡Ah!... lo que me dices de Puvis y de Delacroix,
es extremadamente cierto; ellos han demostrado lo
que podía ser la pintura pero no confundamos las
cosas, cuando hay distancias inmensas. Si lo
admitimos, yo como pintor no significaría nunca
nada de importancia; lo siento absolutamente.
Suponiendo que todo cambiara, el carácter, la
educación, las circunstancias, entonces hubiera
podido existir esto o aquello.
Pero somos muy positivos para confundir.
Me arrepiento a veces de no haber guardado
simplemente la paleta holandesa de tonos grises y
ponerme a esbozar sin insistir los paisajes en
Montmartre.También pienso recomenzar a dibujar con la
pluma de caña, lo que, como las vistas de
Montmajuor del año pasado, es menos caro y me
distrae igual. Hoy he visto uno de esos dibujos que
se ha vuelto muy negro y demasiado melancólico
para la primavera, pero en fin, suceda lo que suceda
y en cualesquiera circunstancias ésta es una cosa que
puedo conservar mucho tiempo como ocupación; y
en cierto modo hasta podría llegar a ser un medio
de ganarme el pan...
Tengo una cierta esperanza de que, con lo que
en suma sé de mi arte, llegará un día en el cual
produciré, aun cuando sea en el asilo. ¿De qué me
serviría la vida ficticia de artista en París, con la cual
no viviría engañado más que a medias y para lo cual
me falta además, la audacia primitiva indispensable
para arrojarme?
Físicamente es asombroso lo bien que me
encuentro; pero no hasta de ningún modo para
considerarlo punto de apoyo, para creer que sea lo
mismo mentalmente.
Me gustaría mucho, cuando allí ya empezaran a
conocerme, probar a convertirme en enfermero
poco a poco; en fin, trabajar no importa en qué y
recobrar ocupación -la primera que venga.
Tendré terriblemente necesidad del tío
Pangloss, porque naturalmente sucederá que me
volveré a enamorar. El alcohol y el tabaco tienen,
esto de bueno o de malo -es un poco relativo esto -
que son antiafrodisíacos, habría de nombrarlos,
creo. No siempre despreciables en el ejercicio de las
bellas artes. En fin, allí me tocará la necesidad de
olvidarme por completo de mentir. Porque la virtud
y la sobriedad, mucho temo, me arrastrarían a esos
parajes donde por lo general acabo perdiendo
inmediatamente la brújula y donde esta vez debo
tratar de sentir menos pasión y más bondad.
Lo posible pasional significa poco para mí; en
tanto que sin embargo queda, me atrevo a creer, la
potencia de sentirse ligado a los otros seres
humanos con los cuales hay que vivir.
¿Cómo se encuentra el tío Tanguy?1
Debes saludarlo por mi.
Oigo decir en los diarios que hay cosas muy
buenas en el Salón. Escucha -no te hagas
impresionista exclusivo; en fin, si hay algo bueno en
otra parte no lo perdamos de vista. Es verdad, el
valor está progresando precisamente por los
impresionistas, hasta cuando se extravían; pero
Delacroix ha sido ya más completo que ellos.
Y en verdad Millet, que no tiene casi color...
¡qué obra la suya! La locura es saludable por esto:
que uno se vuelve quizá menos exclusivo...
¡Ah... pintar rostros como Claude Monet pinta
los paisajes! Eso es lo que falta hacer a pesar de
todo, y antes de que en rigor sólo se identifique a
Monet con los impresionistas. Porque en fin, en
rostros, Delacroix, Millet, muchos escultores han
hecho cosas mucho mejores que los impresionistas
y que J. Breton...
1 «Père» o el tío Tanguy, comerciante en colores que se ocupó de
la venta de los cuadros de Van Gogh.
Y así guardaremos siempre una cierta pasión
por el impresionismo; pero yo siento que vuelvo
más a las ideas que ya tenía antes de ir a París...
Tengo en mi cuarto el célebre retrato de hombre
-el grabado en madera que tú conoces - Una
mandarina de Monorou (la gran plancha del álbum
Bin); La brizna de hierba (del mismo álbum); La
Piedad y El buen samaritano de Delacroix y El
Lector de Meissonnier; después, dos grandes
dibujos a la pluma de caña. Leo en este momento el
Médico rural de Balzac, que es muy bello; hay allí
una figura de mujer, no loca, pero muy sensible, que
es muy encantadora; te lo enviaré cuando lo haya
terminado. Tienen mucho sitio, aquí en el hospicio;
habría como para hacer talleres para una treintena
de pintores.
Es preciso que decida de una vez; no deja de ser
cierto que un montón de pintores se vuelven locos;
es la vida que lo vuelve a tino, por decir lo menos,
muy abstraído. Si me meto de lleno en el trabajo,
está bien; pero siempre quedo afectado.
Si pudiera enrolarme por 5 años me curaría
considerablemente y sería más razonable y más
dueño de mí.
Pero una cosa o la otra me es igual.

30 Abril 1889 Delacroix

30 de abril de 1889.
Cuánta razón tenía Delacroix, que se alimentaba
solamente de pan y de vino y que logró encontrar
una manera de vivir en armonía con su profesión.
Pero siempre queda la fatal cuestión del dinero.
Delacroix tenía rentas. Corot también. Y Millet - era
aldeano e hijo de aldeanos...- El agua de una
inundación ha subido hasta pocos pasos de la casa;
y era lógico que la casa, que se había quedado sin
fuego en mi ausencia, rezumase a mi regreso agua y
salitre por las paredes.
Esto me produjo mal efecto; no solamente el
taller sumergido, sino hasta los estudios, que
hubieran sido un recuerdo, anegados; es algo ya
definitivo; y mi impulso por fundar algo muy simple
pero duradero, me había ilusionado tanto. Ha sido
luchar contra fuerzas mayores; o más bien ha sido
debilidad de carácter por mi parte, porque me
quedan remordimientos graves, difíciles de definir.
Yo creo que esto ha sido la causa de que haya
gritado tanto en las crisis; yo quería defenderme y ya
no podía más.
Ya que este taller hubiese podido servir no a mi,
sino a pintores tales como el desdichado de quien
habla este artículo.
El Sr. Salles estuvo en Saint-Rémy; pero ellos no
quieren dejarme pintar fuera del establecimiento, ni
aceptarme por menos de 100 francos.
Estos informes son pues muy malos. Si
alistándome en la Legión Extranjera pudiera salir
del paso, creo que lo preferiría.

Abril de 1889 Vaga tristeza

Principios de abril de 1889.
Me encuentro muy bien desde hace unos días,
salvo un cierto fondo de vaga tristeza difícil de
definir -pero en fin - más bien he cobrado fuerzas
físicas, en lugar de perderlas, y trabajo.
Tengo justamente sobre el caballete un vergel de
melocotones al borde de un camino, con los
pequeños Alpes al fondo. Parece que en el Fígaro ha
salido un buen artículo sobre Monet; Roulin lo
había leído y se había impresionado, decía.
Felizmente, el tiempo es bueno y el sol radiante;
y la gente de aquí no tarda en olvidar
momentáneamente todas sus penas y resplandece de
animación y de ilusiones.
He releído estos días los Cuentos de Navidad de
Dickens, donde hay cosas profundas que conviene
leer a menudo; tienen enormes conexiones con
Carlyle. Roulin, aunque no sea ni remotamente lo
bastante viejo para ser para mí como un padre, tiene
sin embargo severidades silenciosas y ternuras
como las tendría un viejo soldado para un novato.
Siempre -pero sin una palabra - un no sé que,
que parece querer decir: no sabemos que nos
sucederá mañana; pero sea lo que sea, piensa en mí.
Y esto ayuda cuando viene de un hombre que no es
ni agrio, ni triste, ni perfecto, ni feliz, ni siempre
irreprochablemente justo. Pero tan buen muchacho
y tan cuerdo y tan inquieto y tan creyente. Escucha,
no tengo derecho a quejarme de cualquier cosa de
Arlés, cuando pienso en algunos que he visto y que
nunca podré olvidar.
Signac me ha pedido que vaya a encontrarme
con él en Cassis; pero visto que aun sin esto ya
tenemos bastantes gastos, cualquier cosa que yo
haga o que tú hagas, no nos lo permiten nuestros
medios.
21 de abril de 1889.
Para fin de mes desearía ir otra vez al hospicio
de Saint-Rémy o a otra institución de este género, de
la cual el Sr. Salles1 me habló. Excúsame de entrar
en detalles, para hablar exclusivamente del pro y el
contra de una mudanza de ese tipo.
Hablar de eso me va a traer dolores de cabeza.
Creo que bastará que te diga que me siento
decididamente incapaz de recomenzar, de reinstalar
un nuevo taller y de quedarme solo aquí, en Arlés o
en otra parte; sigue siendo igual por ahora; he
tratado de habituarme a la idea de recomenzar; sin
embargo, por el momento no es posible.
Tendría miedo de perder la facultad de trabajar,
que retorna ahora, forzándome, y cargando, además,
con todas las otras responsabilidades encima, de
tener un taller.
Y temporalmente deseo quedar internado; tanto
para mi propia tranquilidad, como para la de los demás.
1 El Sr. Salles es el pastor que se ocupa de van Gogh desde el
momento en que se corta la oreja.
Lo que me consuela un poco es que comienzo a
considerar la locura como una enfermedad como
cualquiera otra y acepto la cosa como tal; mientras
que, en las crisis mismas, me parecía que lo que
imaginaba era la realidad. En fin, justamente no
quiero pensar ni hablar de ello. Permíteme evitar las
explicaciones; pero a ti. a los Sres. Salles y Rey les
pido que para fin de mes o para los comienzos del
mes de mayo me admitan allá como pensionista
internado.
Recomenzar esta vida de pintor como hasta
ahora, aislado luego en el taller y sin más recurso
para distraerse que ir a un café o a un restaurante,
con toda la crítica de los vecinos, etc... yo no puedo;
ir a vivir con otra persona, aunque fuera otro artista
-difícil, muy difícil - es tomar sobre sí una
responsabilidad demasiado grande. No me atrevo ni
siquiera a pensarlo.
En fin, comencemos por 3 meses; después
veremos; la pensión debe ser alrededor de 80
francos y me dedicaré un poco al dibujo y a la
pintura, sin poner tanto ardor como el año pasado.
No te apenes por todo esto. Ocurre que estos días,
desocupar la casa, transportar todos mis muebles,
embalar las telas que te enviaré, era todo muy triste;
pero me parecía más triste todavía después de tanta
fraternidad, todo esto me lo habías dado tú y
durante tantos años eras tú solo el único que me
sostenía, y al final tener que repetirte toda esta triste
historia; pero me es muy difícil expresar lo que
sentía entonces. La bondad que has tenido conmigo
no se ha perdido, pues si la tuviste, queda; así que,
aun cuando los resultados materiales fueran nulos,
aún con más razón te queda; pero no puedo decirlo
como lo sentía.
Ahora, ya comprenderás que si mi locura ha
venido por culpa del alcohol, habrá sido muy poco
a poco y también se irá muy poco a poco, en caso
de que se vaya, por supuesto. O si vino por fumar,
pues lo mismo. Eso es lo único que deseo -la
curación - sin la asombrosa superstición de ciertas
personas respecto del alcohol, de manera que ellas
mismas se privan de beber y fumar.
Empiezan por recomendarnos que no
mintamos ni robemos, etc.. ni cometamos crímenes
grandes o pequeños, y qué complicado sería si fuera
absolutamente indispensable no poseer nada mas
que virtudes en una sociedad en la cual estamos
indudablemente muy enraizados, sea buena o mala.
Te aseguro que en estos extraños días, en que
tantas cosas me parecen grotescas porque mi
cerebro está agitado, no logro detestar al tío
Panglos. Pero me harás el favor de tratar la cuestión sin
rodeos con el señor Salles y el señor Rey.
Me parece que con una pensión de unos setenta
y cinco francos por mes debe haber forma de
internarme, y tener todo lo necesario.
Después me gustaría mucho, si fuera posible,
poder salir durante el día para ir a dibujar o pintar
afuera. En vista de que aquí salgo todos los días y creo
que esto puede continuar.
Pagando más, te advierto que seré menos feliz.
La compañía de otros enfermos, creo que lo
entiendes, no me es desagradable del todo; por el
contrario, me distrae.
La alimentación común me viene muy bien
sobre todo si me dieran un poco más de vino allá,
como aquí, de lo que acostumbran: medio litro en
lugar de un cuarto, por ejemplo.
Pero una habitación individual, falta saber cómo
serán los reglamentos de una institución como ésta:
Piensa que Rey anda sobrecargado de trabajo;
sobrecargado; si él te escribe o el señor Salles, vale
más hacer directamente lo que ellos digan. En fin, es
preciso decidirse, querido Théo; las enfermedades
de nuestro tiempo -no son en suma más que un acto
de justicia, si hemos vivido años de salud
relativamente buena, tarde o temprano nos ha de
tocar nuestra parte. En cuanto a mí, comprenderás
que no habría escogido precisamente la locura si
hubiera podido elegir, pero cuando a uno le cae una
carga semejante, ya no pesca nada más. Al menos,
quizás me quede también el consuelo de continuar
trabajando un poco en la pintura.
¿Cómo harás para no hablarle a tu mujer, ni
bien ni mal, de París y de ciertas cosas? ¿Te sientes
de antemano completamente capaz de guardar la
justa medida siempre, desde cualquier punto de
vista? Un firme apretón de manos; no sé si te
escribiré muy, muy seguido, porque todos mis días
no son bastante lúcidos como para escribirte con un
poco de lógica. Todas tus bondades para conmigo las he
encontrado hoy más grandes que nunca; no lo
puedo decir como lo siento, pero te aseguro que esa
bondad ha sido de buena ley y si no ves los
resultados, mi querido hermano, no te apenes por
esto; te quedará la bondad.
Solamente, vuelca este afecto sobre tu mujer
tanto como te sea posible. Y si nos entendemos un
poco menos verás que si ella es tal como creo, te
consolará. Eso es lo que espero. Rey es un hombre
muy dispuesto, terriblemente trabajador, siempre
atareado. ¡qué gente, los médicos de hoy!...
Si ves a Gauguin o si le escribes, dile muchas
cosas de mi parte. Me alegraría mucho tener algunas
noticias de lo que dices de mi madre y de mi
hermana; y si se encuentran bien, diles que tomen
mi historia -¡a fe mía!... como algo por lo que no
deben afligirse desmedidamente, porque soy
relativamente desgraciado, pero quizás me queden
todavía, a pesar de esto, algunos años casi normales
en perspectiva. Es una enfermedad como cualquier
otra y actualmente casi todos los que conocemos
como nuestros amigos, tienen algo. Así pues, ¿vale
la pena hablar? Lamento causar molestias al señor
Salles, a Rey, y sobre todo a ti pero ¿qué quieres?, la
cabeza no tiene aplomo suficiente para recomenzar
como antes -entonces se trataba de no provocar
más escenas en público y naturalmente, un poco
calmado ahora, siento de pronto que estaba en un
estado malsano, moral y físicamente. Y la gente se
portó bien conmigo; los que me vienen a la memoria
y los otros; en fin, he causado inquietud y si
hubiera vivido en una situación normal todo esto
no hubiera tenido lugar. Adiós; escribe cuando
puedas.
Todo tuyo.
Vincent.
He ido a ver al señor Salles con tu carta para el
director del asilo de Saint-Rémy1, y él va hoy mismo;
así que espero que para fin de semana ya quede todo
arreglado. No me sentiría infeliz ni descontento, si
dentro de algún tiempo pudiera engancharme en la
legión extranjera por 5 años (creo que admiten hasta
los 40 años). Mi salud, desde el punto de vista físico,
va mejor que antes y quizás me sentara bien, además
de hacer un servicio. En fin, yo no digo que se deba
o pueda hacer esto sin reflexionar ni consultar a un
médico; pero en fin, es preciso tener en cuenta que
1 Van Gogh sigue obsesionado con la ayuda económica que le da
Thèo, y Théo teme que la decisión de su hermano esté condicionada
por este factor. Théo le escribe mandándole una carta para la dirección
de ese establecimiento y le envía dinero.
cualquier cosa que hagamos saldrá siempre un poco
menos bien que ésta.
Desde luego todavía no; mientras vaya tirando,
me quedará el pintar o dibujar, cosa que por cierto
no rechazo del todo.
Para ir a París o para ir a Pont-Aven, no me
siento capaz; además me paso la mayor parte del
tiempo vacío de deseos o de pesares.
Por momentos, así como contra los sordos
acantilados se estrellan desesperadas las olas, siento
una tormenta de deseo de abrazar, tal vez, una
mujer de la clase puta barata; pero en fin, hay que
tomar todo esto por lo que es, un efecto de
sobreexcitación histérica más bien que visión de
exacta realidad...
¡Ah! ... mi querido Théo, ¡si vieras los olivos en
esta época! ... El follaje de plata vieja verdeando
contra el azul. Y la tierra labrada, de un tono
anaranjado. Es algo muy distinto de lo que se piensa
en el Norte; ¡algo tan fino, tan distinguido!
Es como los sauces de nuestras praderas
holandesas o los macizos de encinas de nuestras
dunas; es decir, que el murmullo de un vergel de
olivos tiene algo de muy íntimo, de inmensamente
viejo. Es demasiado bello para que yo me atreva a
pintarlo, o pueda concebirlo. El laurel rosa -¡ah!- es
algo que habla de amor y es hermoso como el
Lesbos de Puvis de Chavannes, donde estaban las
mujeres a la orilla del mar. Pero el olivo es otra
cosa; es, si se lo quiere comparar con algo, un
Delacroix.

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