jueves, 10 de enero de 2008

Junio De 1890 Arriesgo la vida y la Razón

4 de junio de 1890.
... Por cierto me parece tan enfermo y aturdido
con algunos años como tú y yo,1 y es de mayor edad
1 Se refiere al Dr. Gachet.
y hace algunos años perdió a su mujer, pero es muy
médico y su oficio y su fe sin embargo lo sostienen.
Ya somos muy amigos y por casualidad también
conoció a Brias de Montpellier y tiene de él las
mismas ideas que tengo yo, que es alguien muy
importante en la historia del arte moderno.
Trabajo en su retrato, la cabeza con una gorra
blanca, muy rubia, muy clara, las manos también de
encarnación clara, un frac azul y un fondo azul
cobalto, apoyado sobre una mesa roja, sobre la que
hay un libro amarillo y una planta de digital con
flores púrpuras. Está dentro del mismo sentimiento
que mi retrato, que hice cuando llegué aquí.

17 de junio de 1890.
... En este momento estoy haciendo dos
estudios, uno un ramo de plantas salvajes, cardos,
espigas, hojas de diferentes coloraciones. Una casi
roja, la otra muy verde, la otra amarillenta.
El segundo estudio, una casa blanca entre la
vegetación, con una estrella en el cielo de noche y
una luz anaranjada en la ventana y vegetación, negra
y una nota rosa oscura. Eso es todo por el
momento. Tengo una idea para hacer una tela más
importante de la casa y del jardín de Daubigny, del
que ya tengo un pequeño estudio.
El Sr. Gachet es absolutamente fanático de ese
retrato y quiere que haga uno para él, si puedo,
absolutamente igual, cosa que yo también deseo
hacer. También pudo comprender ahora el último
retrato de arlesiana, del que tienes uno en rosa;
cuando viene a ver los estudios vuelve siempre a
esos dos retratos y los admite por completo, pero
por completo, tal cual son.
Espero enviarte pronto un retrato de él.
Además pinté en su casa dos estudios que le di
la semana pasada, un áloe con caléndulas y cipreses,
y el domingo pasado, rosas blancas, parra y una
figura blanca.
Muy probablemente también haré el retrato de
su hija que tiene diecinueve años, y de la que me
imagino que Jo se hará muy pronto amiga.
Entonces es una gran alegría para mí hacer los
retratos de todos ustedes al aire libre: el tuyo, el de
Jo y el del pequeño.

Mi querido amigo Gauguin:
Gracias por haberme escrito de nuevo, mi
querido amigo y queda tranquilo, que después de mi
regreso he pensado en ti todos los días. No me he
quedado en París más que tres días y el ruido, etc.,
parisiense me causaba tan mala impresión que he
juzgado prudente para mi cabeza largamente al
campo; de no ser así en seguida hubiera corrido a
verte. Y me causa un enorme placer que digas que el
retrato de la arlesiana, hecho rigurosamente sobre tu
dibujo, te ha gustado.
He tratado de seguir con fidelidad respetuosa tu
dibujo y, sin embargo, tomando la libertad de
interpretar por medio de un color el carácter sobrio
y el estilo del dibujo en cuestión. Es una síntesis de
arlesiana, si quieres; como las síntesis de arlesianas
son raras, toma ésta como obra tuya y mía; como
resultado de nuestros meses de trabajo juntos. Para
hacerlo, yo he pagado con más de un mes de
enfermedad, pero también sé que es una tela que tú,
yo, y otros pocos comprenderemos, como nosotros
querríamos que se comprenda...
Tengo aún de allá un ciprés con una estrella, un
último ensayo -un cielo de noche, con una luna sin
resplandor, apenas el delgado creciente emergiendo
de la sombra opaca proyectada por la tierra - una
estrella de resplandor exagerado, si te parece,
resplandor suave de rosa y verde en el cielo
ultramarino donde corren las nubes.
En lo bajo, un camino bordeado de altas cañas
amarillas, detrás de las cuales están los Bajos Alpes
azules, un viejo albergue con ventanas iluminadas
de anaranjado y un ciprés muy alto, muy recto, muy
sombrío.
Sobre el camino, un coche con un caballo
blanco y dos paseantes retrasados. Muy romántico,
si te parece; pero también, creo, muy provenzal...
Oye una idea que quizá te convenga; yo trato de
hacer así, estudios de trigales -yo no puedo sin
embargo dibujar esto -, nada más que tallos de
espigas verdeazules, hojas largas como cintas,
verdes y rosas por el reflejo, espigas amarilleantes,
ligeramente ribeteadas de rosa pálido por la
floración polvorosa, una campanilla rosa en lo bajo,
enrollada alrededor de un tallo.
Así, ayer vi dos figuras: la madre, con un vestido
carmín profundo, la hija en rosa pálido con un sombrero
amarillo sin adorno alguno; rostros muy
sanos de campesinas, bien curtidos por el aire libre,
quemados por el sol; la madre, sobre todo, con una
cara muy, muy roja y cabellos negros y dos
diamantes en las orejas. Y he vuelto a pensar en esa
tela de Delacroix: La educación materna. Porque en
las expresiones de los rostros había realmente todo
lo que hubo en la cabeza de George Sand, ya sabes
que hay un retrato - busto George Sand - de
Delacroix; hay un grabado en la Ilustration, con los
cabellos cortos.

30 de junio de 1890.
Una carta de Gauguin bastante melancólica; él
habla vagamente de que está decidido a irse a
Madagascar; pero tan vagamente, que se ve claro
que piensa en esto porque no sabe realmente en qué
otro lugar pensar.
Y la ejecución del plan me parece casi absurda.
Incluyo tres croquis - uno de una figura de
aldeana, gran sombrero amarillo, con un nudo de
cintas azulceleste, rostro muy rojo, traje casero
grueso, azul, puntilleado de anaranjado, fondo de
espigas de trigo.
Es una tela de 30, pero temo que sea un poco
grosera. Después el paisaje a lo largo con los
campos, un motivo que sería de Michel, pero en
cambio la coloración es verde tierno, amarillo y azul
verde.
Después, una maleza de troncos de álamos
violetas que perpendicularmente, como columnas,
atraviesan el paisaje; la profundidad de la maleza es
azul y, bajo los grandes troncos, la pradera florida,
blanca, rosa, amarilla, verde, largas hierbas rosadas y
flores.
Quizás veas este croquis del jardín de Daubigny
- es una de mis telas más queridas -; te adjunto un
croquis de viejos rastrojos y los croquis de 2 telas de
30, que representan inmensas extensiones de trigo
después de la lluvia.
El jardín de Daubigny tiene el primer plano de
hierba verde y rosa. A la izquierda, un macizo verde
y lila y un tronco de planta con follaje blanquecino.
En medio de un cantero de rosas a la derecha, un
conjunto de cañas, una pared y sobre la pared un
avellano de follaje violeta. Después, una hilera de
lilas, una fila de tilos redondeados, amarillos; la casa
misma en el fondo, rosa, con techo de tejas
azuladas. Un banco y tres sillas, una figura negra
con sombrero amarillo y en primer plano un gato
negro. Cielo, verde pálido.
Carta que Vincent tenía sobre sí, el 29 de julio,
día en que falleció.
Mi querido hermano:
Gracias por tu buena carta y el billete de 50
francos que contenía. Ya que esto va bien, que es lo
principal, ¿por qué insistiré sobre cosas de menor
importancia? ¡a fe mía!... antes de que haya
oportunidad de hablar de asuntos con la cabeza mas
reposada, pasará probablemente mucho tiempo.
Los otros pintores, piensen lo que piensen,
instintivamente se mantienen a distancia de las
discusiones sobre el comercio actual.
Porque aunque, la verdad es que sólo podemos
hacer que sean nuestros cuadros los que hablen, mi
querido hermano, añado que siempre te he dicho - y
te vuelvo a decir otra vez con toda la gravedad que
pueden dar los esfuerzos del pensamiento
asiduamente fijo para tratar de hacer tanto bien
como se pueda - te vuelvo a decir que yo
consideraré siempre que tú eres algo más que un
simple marchand de Corot, y que por mediación
mía tienes tu parte en la producción misma de
ciertas telas que aun en el desastre guardan su calma.
Porque nosotros estamos aquí y esto es todo o
por lo menos lo principal que puedo tener que
decirte en un momento de crisis relativa. En un
momento en que las cosas están muy tirantes entre
marchands de cuadros de artistas muertos y de
artistas vivos.
Pues bien, mi trabajo; arriesgo mi vida y mi
razón destruida a medias – bueno - pero tú no estás
entre los marchands de hombres, que yo sepa; y
puedes tomar partido, me parece, procediendo
realmente con humanidad, pero, ¿qué quieres?

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