jueves, 10 de enero de 2008

ARLES (octubre de 1888-Mayo de 1889)

ARLES (octubre de 1888-Mayo de 1889)

Mi querido Théo:
Gracias por tu carta; pero mira que esta vez he
languidecido; mi dinero se había terminado el
jueves, así que hasta el mediodía del lunes, resultó
terriblemente largo.
Durante esos cuatro días he vivido
principalmente de 23 cafés y del pan que todavía
tengo que pagar. No es culpa tuya; si la hay es mía.
Porque he estado desesperado por ver mis cuadros
enmarcados y he pedido demasiado para mi
presupuesto, ya que el mes de alquiler y la criada
también había que pagarlos. También aun hoy,
volveré a arruinarme, porque debo comprar la tela y
prepararla yo mismo, ya que la de Tasset no ha
venido todavía. ¿Quisieras preguntarle lo más
pronto posible si la ha enviado?; 10 metros o por lo
menos 5 de tela común a 2 fr. 50.
Pero esto me sería igual, mi querido hermano, si
yo no sintiera que tú mismo debes sufrir esta
presión que actualmente ejerce sobre nosotros el
trabajo. Pero me atrevo a creer que si vieras los
estudios me darías la razón por trabajar
ardientemente mientras hace buen tiempo. Cosa que
no ocurre en estos últimos días; el mistral
despiadado barre con furia las hojas muertas. Pero
entre eso y el invierno habrá todavía un período de
tiempo y efectos magníficos; y entonces se tratará de
nuevo de hacer un esfuerzo sin miramientos. Ando
tan metido en el trabajo, que no puedo detenerme
de golpe. Queda tranquilo; el mal tiempo me
detendrá aún demasiado pronto. Como ya lo hizo
hoy, ayer y antes de ayer. Trata por tu parte de
persuadir a Thomas. Él hará algo siempre.
¿Sabes cuánto me queda para la semana y aún
después de 4 días de rígido ayuno? Justo 6 francos.
Hoy es lunes, el día mismo que recibo tu carta.
He comido a mediodía, pero esta tarde será
preciso que coma un pedazo de pan.
Y todo continúa sin ninguna novedad, sea en la
casa o en los cuadros. Porque no tengo desde hace
por lo menos 3 semanas de dónde sacar tres
francos...
No tardes, si esto no te molesta mucho; no
tardes en enviarme el luis y la tela.
He estado ocupado de tal modo desde el jueves,
que de jueves a lunes no he hecho más que dos
comidas, por lo demás no tenía más que pan y café,
que todavía estaba obligado a beber a crédito y que
debo pagar hoy. Así que si puedes, no te demores.
Quisiera llegar a hacerte sentir profundamente
bien esta verdad: dando dinero a los artistas, tú
mismo haces obra de artista y yo desearía solamente
para que mis telas lleguen a ser tales, que no estés
demasiado descontento de tu trabajo.
Tengo además una tela de 30; jardín de otoño;
dos cipreses verde botella y en forma de botella
también; tres pequeños castaños de follaje tabaco y
anaranjado.
Un pequeño tejo, de follaje limón pálido y
tronco violeta; dos pequeños macizos, de follaje
rojo sangre y púrpura escarlata.
Un poco de arena, un poco de césped, un poco
de cielo azul.
Sin embargo resulta que me había jurado no
trabajar. Pero todos los días sucede lo mismo; al
pasar encuentro a veces cosas tan bellas que, en fin
a pesar de todo hay que tratar de hacerlas...
A propósito: ¿No has leído nunca Los
hermanos Zemgamno de los Goncourt? Si yo no
hubiera leído esto, tal vez me atrevería a más: y aun
después de haberlo leído, el único temor que tengo
es el de pedirte demasiado dinero. Si yo mismo me
quebrara en un esfuerzo, no me importaría
absolutamente nada. Para ese caso tengo recursos
todavía, porque me dedicaría, o bien al comercio o
bien a escribir. Pero mientras esté en la pintura, no
veo más que la asociación de varios y la vida en
común.
Comienza la caída de las hojas; se ve cómo
amarillean los árboles, el amarillo aumenta todos los
días.
Es por lo menos tan bello como los vergeles en
flor; y por el trabajo que haremos me atrevería a
decir que muy lejos de perder podremos ganar.
¿Has releído ya el Tartarín? ¡Ah!...
¡No lo olvides! ¿Te acuerdas en Tartarín la
queja de la vieja diligencla de Tarascón, esa página
admirable? Y bien, termino de pintar esta carroza
roja y verde en el patio de la posada. Ya verás. Este
croquis apresurado te da la composición; un primer
plano simple de arena gris, el fondo también muy
simple, paredes rosas y amarillas con ventanas de
persianas verdes y un rincón de cielo azul. Los dos
coches muy coloreados, verde, rojo, las ruedas
-amarillo, negro, azul, anaranjado -. Siempre tela de
30. Los coches están pintados a lo Monticelli, con
empastamientos. Tú tenías hace tiempo un Claude
Monet muy bello que representaba 4 barcas
coloreadas sobre una playa. Y bien; aquí se trata de
coches; pero la composición es del mismo tipo.
Supón ahora un abeto azul verde inmenso,
extendiendo sus ramas horizontales sobre un prado
muy verde y la arena manchada de luz y de sombra.
El rincón del jardín, muy simple, está alegrado por
canteros de geranios anaranjados en los fondos,
bajo las ramas negras.
Pos figuras de enamorados se encuentran a la
sombra del gran árbol: tela de 30.
Después otras dos telas de 30, el Puente de
Trinquetaille y otro puente; el ferrocarril pasa sobre
la calle.
Esta tela se asemeja un poco, como colorido, a
un Bosboom. En fin, el Puente de Trinquetaille con
todos esos escalones es una tela hecha en una
mañana gris; las piedras, el asfalto, el empedrado,
son grises; el cielo, de un azul pálido; figuras
menudas y coloreadas; un árbol enclenque de follaje
amarillo. Así pues, dos telas en tonos grises y
quebrados y dos telas muy descoloridas.
Perdona estos croquis tan malos; estoy
obsesionado con la pintura de esta diligencia
Tarascón y veo que no tengo la cabeza para
dibujar...
¡Cuántas cosas deberían cambiar todavía! ...
¿No es cierto que los pintores debían vivir todos
como obreros? Un carpintero, un herrero, produce
por lo general infinitamente más que ellos. En la
pintura también habría que tener grandes talleres
donde cada uno trabajara más regularmente.
Esas 5 telas que tengo en preparación esta
semana llevan a 15 según creo el número de las telas
de 30 para la decoración.
2 telas de Girasoles.
3 telas del Jardín del Poeta.
2 telas Otro jardín.
1 tela Café nocturno.
1 tela Puente de Trinquetaille.
1 tela Puente del Ferrocarril.
1 tela La casa.
1 tela la diligencia de Tarascón.
1 tela la Noche estrellada.
1 tela Los surcos.
1 tela la Viña.
Dime, pues, ¿qué hace Seurat?1 Si lo ves, dile entonces
de mi parte que estoy preparando una
decoración que actualmente alcanza la suma de 15
telas de 30, cuadradas que para formar un conjunto
incluirá al menos otras 15, y que en este trabajo más
amplio suele ser el recuerdo de su personalidad y de
la visita que hicimos a su taller para ver sus grandes
y hermosas telas, lo que me alienta en esta tarea.

Mi querido Théo:
En fin, te envío un pequeño croquis para darte
una idea aproximada del giro que toma el trabajo.
Porque hoy me he vuelto a poner a la tarea. Tengo
los ojos fatigados todavía; pero en fin, tenía una
idea en la cabeza y éste es el croquis. Siempre tela de
30. Esta vez es simplemente mi dormitorio; sólo
que el color debe predominar aquí, dando con su
simplificación un estilo más grande a las cosas para
llegar a sugerir el reposo o el sueño en general. En
fin, con la vista del cuadro debe descansar la cabeza
o más bien la imaginación.
Las paredes son de un violeta pálido. El suelo es
a cuadros rojos.
1 Seurat: pintor francés, uno de los creadores del puntillismo.
La madera del lecho y las sillas son de un
amarillo de mantequilla fresca; la sábana y las
almohadas, limón verde muy claro.
La colcha, rojo escarlata. La ventana, verde.
El lavabo, anaranjado; la cubeta, azul.
Las puertas, lilas.
Y eso es todo -nada más en ese cuarto con los
postigos cerrados.
Lo cuadrado de los muebles debe insistir en la
expresión del reposo inquebrantable.
Los retratos en la pared, un espejo, una botella y
algunos vestidos.
El marco -como no hay blanco en el cuadro -
será blanco.
Esto, para tomarme el desquite del reposo
forzado1 a que me he visto obligado.
Trabajaré aún todo el día de mañana; pero ya
ves qué simple es la concepción. Las sombras y las
sombras proyectadas están suprimidas; ha sido
coloreado con tintes planos y francos como los
crespones. Esto va a contrastar con, por ejemplo,
La diligencia de Tarascón y el Café nocturno.
1 Vincent tenía la vista muy cansada debido a una serie de croquis que
había tomado de la diligencia de Tarascón.
No te escribo más porque voy a comenzar
mañana muy temprano, con la fresca luz del
amanecer, para acabar mi tela.
No te olvides de darme noticias de cómo van
los colores.
Espero que me escribirás uno de estos días.
La próxima vez te haré un croquis de otras
piezas.
Un apretón de manos.
Yo creo que una nueva escuela colorista ha de
arraigar en el Mediodía; porque veo cada vez más
que los del norte se fundan sobre todo en la
habilidad del pincel y el llamado afecto pintoresco
que en el deseo de expresar algo por el color mismo.
Aquí, bajo el sol más fuerte, he encontrado que
es cierto lo que decía Pissarro y lo que me escribía,
además, Gauguin sobre lo mismo; la simplicidad, lo
descolorido, lo grave de los grandes efectos del sol.
En el norte jamás se hubiera sospechado.
En cuanto a la venta, te doy razón en verdad
por no buscarla expresamente; en realidad yo
preferiría, si pudiera, no vender jamás...
Este dormitorio es algo así como esa naturaleza
muerta de las novelas parisienses de colchas
amarillas, rosas, verdes, ¿te acuerdas? Pero creo que
la factura es más viril y más simple.
Nada de punteado, nada de vetas, nada, tintes
planos pero que armonizan.
No sé lo que emprenderé después, porque tengo
la vista fatigada todavía.
Y en estos momentos, precisamente después del
trabajo duro y más que duro, siento también la
cabeza vacía.
Y si quisiera dejarme llevar por esto, nada me
sería más fácil que detestar lo que termino de hacer
y darle de puntapiés como el padre Cézanne. En fin,
¿por qué darle de puntapiés? Dejemos los estudios
tranquilos a menos que no les encontremos nada
bueno o que les encontremos lo que se llama bueno
de verdad, entonces ¡a fe mía!... tanto mejor.
Es justamente el defecto de los holandeses,
tildar una cosa de absolutamente buena y otra de
absolutamente mala. No existe de ningún modo
nada tan rígido como esto.
He leído también Césarine de Richepin; tiene
cosas muy buenas; la marcha de los soldados en
desbandada, cómo se siente su fatiga; ¿no
marcharemos así también sin ser soldados algunas
veces en la vida? La querella del hijo y del padre es
muy desgarradora; pero es como La liga del mismo
Richepin; creo que esto no deja ninguna esperanza,
mientras que Guy de Maupassant, que ha escrito
cosas de verdad tan tristes, al final hace acabar las
cosas más humanamente. Monsieur Parent, incluso
Pedro y Juan, que aunque no terminan con la
felicidad, la gente se resigna y continúa igual. En una
palabra, no termina con sangre ni con tantas
atrocidades como esto, ¡vaya! Prefiero mucho más a
Guy de Maupassant que a Richepin, porque es más
consolador. Actualmente acabo de leer Eugenia
Grandet de Balzac, la historia de un aldeano avaro.
He lecho instalar el gas en el taller y en la
cocina, lo que me cuesta 25 francos de instalaciones.
Si Gauguin y yo trabajamos una quincena todas las
tardes, ¿no los recuperaremos? Solamente que como
por otra parte Gauguin puede dejarse caer uno de
estos días, aún necesitaré absolutamente unos 50
francos por lo menos.
No estoy enfermo, pero sin la menor duda,
llegaré a estarlo, si no tomo una fuerte alimentación
y no dejo de pintar durante algunos días. En fin,
vuelvo a verme reducido al caso de la locura de
Hugue van der Goes en el cuadro de Emile
Wauters. Y si no fuera porque tengo una naturaleza
un poco dual, como la que resultaría de la unión de
un monje y un pintor, viviría y eso desde hace ya
tiempo, reducido enteramente al caso mencionado
más arriba.
En fin, aun entonces no creo que mi locura sea
la de persecución, ya que mis sentimientos en estado
de exaltación desembocan más bien en las
preocupaciones de la eternidad y de la vida eterna.
Pero asimismo, es preciso que desconfíe de mis
nervios, etcétera.
He aquí un croquis muy vago de mi última tela;
una fila de cipreses verdes contra un cielo rosa, con
un cuarto creciente limón pálido. En primer plano,
un terreno yermo, arena y algunos cardos. Dos
enamorados; el hombre, azul pálido y sombrero
amarillo; la mujer, con un corpiño rosa y una falda
negra. Esta, hace la cuarta tela del Jardín del poeta,
que es la descoronación del cuarto de Gauguin. Me
causa horror tener todavía que pedirte dinero, pero
no puedo hacer nada y aun así sigo todavía
abrumado. Sin embargo, creo que el trabajo que
hago gastando un poco más, nos parecerá un día
más barato que el anterior.
Gracias por tu carta y por el billete de 50
francos. Como ya sabrás por mi telegrama, Gauguin
ha llegado bien de salud.
Hasta me da la impresión de que se encuentra
mejor que yo.
Está muy contento, naturalmente, de la venta
que has hecho; y yo igual, ya que así ciertos gastos
todavía absolutamente necesarios para la instalación
no tienen ni necesidad de esperar ni recaerán sobre
su espalda solamente. Gauguin te escribirá hoy, con
seguridad. Es muy interesante como hombre y
tengo plena confianza de que con él haremos una
porción de cosas. Probablemente, aquí producirá
mucho y espero que yo también, quizás.
Y entonces me atrevo a creer que para ti el fardo
será un poco menos pesado, y hasta me animo a
decir mucho menos pesado.
Yo siento, hasta el extremo de quedar
moralmente aplastado y físicamente aniquilado, la
necesidad de producir; precisamente porque en
resumen no tengo otro medio de llegar a compensar
nuestros gastos.
Y no puedo hacer nada, ante el hecho de que
mis cuadros no se vendan.
Llegará un día sin embargo, en que se verá que
esto vale más que el precio que nos cuestan el color
y mi vida, en verdad muy pobre.
No tengo más deseo ni más preocupación en
cuestión de dinero o de finanzas, que suprimir
deudas.
Pero, querido hermano, mi deuda es tan grande,
que cuando la haya pagado, cosa que pienso llegar a
hacer, el mal de producir cuadros me habrá robado
la vida y me parecerá no haber vivido. Tal vez sólo
ocurra que la producción de cuadros me resulte un
poco más difícil; y en cuanto al número no siempre
serán tantos.
Que esto no se venda ahora, me causa la misma
angustia que tú sufres, pero para mí, en caso de que
te molestara demasiado que no te entregase nada,
vendría a ser lo mismo.
Pero en finanzas me es suficiente saber esta
verdad: que un hombre que vive 50 años y gasta dos
mil por año, gasta cien mil francos y es necesario
que aporte también cien mil. Hacer mil cuadros a
cien francos, durante una vida de artista, es muy,
muy duro, pero cuando el cuadro es a cien francos...
y aún... nuestra tarea es a veces tan pesada. Pero esto
sí que no se puede cambiar.
Probablemente dejaremos a Tasset, porque
vamos, por lo menos en gran parte, a servirnos de
colores más baratos, tanto Gauguin como yo. En
cuanto a la tela, vamos a prepararla nosotros
mismos. He tenido por un momento la sensación de
que iba a caer enfermo; pero la llegada de Gauguin
me ha distraído en tal forma que estoy seguro de
que se me pasará. Es necesario que no descuide mi
alimentación durante un tiempo y esto es todo y
absolutamente todo.

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