jueves, 10 de enero de 2008

2 de Mayo 1889 La legión

2 de mayo de 1889.
Me gustaría enrolarme; pero me da miedo
(como en la ciudad ya conocen todos el accidente)
que aquí me rechacen; lo que temo entonces, o más
bien lo que me vuelve tímido, es la posibilidad, la
probabilidad aquí, de una negativa. Si yo tuviera
alguna certidumbre de que podría alistarme por
cinco años en la legión, iría.
Pero sucede que no quiero que esto sea
considerado como un nuevo acto de locura de mi
parte; y es por esto que te insisto, así como al señor
Salles, para que cuando vayáis, actuéis con toda
serenidad y reflexión...Quizá, me digo; en fin, sea lo que sea, si yo
supiera que me iban a aceptar, iría a la legión. Es
que me he vuelto tímido y vacilante desde que vivo
maquinalmente.
Entretanto, la salud marcha muy bien y trabajo
un poco. Tengo en preparación una avenida de
almendros con flores rosas, con un pequeño cerezo
en flor y una planta de glicina y el sendero del
parque manchado de sol y sombra.
Hará juego con el jardín que está en el marco de
nogal.Si te hablo de enrolarme por cinco años, no
vayas a pensar que hago esto con idea de
sacrificarme o de hacer el bien.
Yo estoy «atravesado»en la vida y mi estado
mental no sólo es sino que ha sido también
abstracto, de manera que cualquier cosa que se haga
por mí, no puedo pensar en equilibrar mi vida.
Cuando debo seguir una regia, como aquí en el
hospicio, me siento tranquilo. Y en el servicio,
pasaría más o menos lo mismo. Claro que aquí me
arriesgo mucho a que me rechacen, porque saben
que soy alienado o epiléptico probable por lo
menos (a lo que he oído decir, hay 50 mil epilépticos
en Francia, de los cuales solamente 4.000
internados; así que no es tan extraordinario) quizás
en París, hablándole por ejemplo a Détaille o a
Caran d'Ache, me incorporarían pronto.
Podrá parecer una cabezonada no peor que otra;
en fin, reflexionemos, pero para obrar.
Mientras tanto, hago lo que puedo por trabajar
no importa en qué, incluyendo la pintura; tengo una
buena voluntad aceptable.
Pero el dinero que cuesta la pintura... es algo que
me aplasta bajo una sensación de deuda y de cobardía;
y convendría que cesara tan pronto como fuera
posible.
3 de mayo de 1889.
¡Ah!... lo que me dices de Puvis y de Delacroix,
es extremadamente cierto; ellos han demostrado lo
que podía ser la pintura pero no confundamos las
cosas, cuando hay distancias inmensas. Si lo
admitimos, yo como pintor no significaría nunca
nada de importancia; lo siento absolutamente.
Suponiendo que todo cambiara, el carácter, la
educación, las circunstancias, entonces hubiera
podido existir esto o aquello.
Pero somos muy positivos para confundir.
Me arrepiento a veces de no haber guardado
simplemente la paleta holandesa de tonos grises y
ponerme a esbozar sin insistir los paisajes en
Montmartre.También pienso recomenzar a dibujar con la
pluma de caña, lo que, como las vistas de
Montmajuor del año pasado, es menos caro y me
distrae igual. Hoy he visto uno de esos dibujos que
se ha vuelto muy negro y demasiado melancólico
para la primavera, pero en fin, suceda lo que suceda
y en cualesquiera circunstancias ésta es una cosa que
puedo conservar mucho tiempo como ocupación; y
en cierto modo hasta podría llegar a ser un medio
de ganarme el pan...
Tengo una cierta esperanza de que, con lo que
en suma sé de mi arte, llegará un día en el cual
produciré, aun cuando sea en el asilo. ¿De qué me
serviría la vida ficticia de artista en París, con la cual
no viviría engañado más que a medias y para lo cual
me falta además, la audacia primitiva indispensable
para arrojarme?
Físicamente es asombroso lo bien que me
encuentro; pero no hasta de ningún modo para
considerarlo punto de apoyo, para creer que sea lo
mismo mentalmente.
Me gustaría mucho, cuando allí ya empezaran a
conocerme, probar a convertirme en enfermero
poco a poco; en fin, trabajar no importa en qué y
recobrar ocupación -la primera que venga.
Tendré terriblemente necesidad del tío
Pangloss, porque naturalmente sucederá que me
volveré a enamorar. El alcohol y el tabaco tienen,
esto de bueno o de malo -es un poco relativo esto -
que son antiafrodisíacos, habría de nombrarlos,
creo. No siempre despreciables en el ejercicio de las
bellas artes. En fin, allí me tocará la necesidad de
olvidarme por completo de mentir. Porque la virtud
y la sobriedad, mucho temo, me arrastrarían a esos
parajes donde por lo general acabo perdiendo
inmediatamente la brújula y donde esta vez debo
tratar de sentir menos pasión y más bondad.
Lo posible pasional significa poco para mí; en
tanto que sin embargo queda, me atrevo a creer, la
potencia de sentirse ligado a los otros seres
humanos con los cuales hay que vivir.
¿Cómo se encuentra el tío Tanguy?1
Debes saludarlo por mi.
Oigo decir en los diarios que hay cosas muy
buenas en el Salón. Escucha -no te hagas
impresionista exclusivo; en fin, si hay algo bueno en
otra parte no lo perdamos de vista. Es verdad, el
valor está progresando precisamente por los
impresionistas, hasta cuando se extravían; pero
Delacroix ha sido ya más completo que ellos.
Y en verdad Millet, que no tiene casi color...
¡qué obra la suya! La locura es saludable por esto:
que uno se vuelve quizá menos exclusivo...
¡Ah... pintar rostros como Claude Monet pinta
los paisajes! Eso es lo que falta hacer a pesar de
todo, y antes de que en rigor sólo se identifique a
Monet con los impresionistas. Porque en fin, en
rostros, Delacroix, Millet, muchos escultores han
hecho cosas mucho mejores que los impresionistas
y que J. Breton...
1 «Père» o el tío Tanguy, comerciante en colores que se ocupó de
la venta de los cuadros de Van Gogh.
Y así guardaremos siempre una cierta pasión
por el impresionismo; pero yo siento que vuelvo
más a las ideas que ya tenía antes de ir a París...
Tengo en mi cuarto el célebre retrato de hombre
-el grabado en madera que tú conoces - Una
mandarina de Monorou (la gran plancha del álbum
Bin); La brizna de hierba (del mismo álbum); La
Piedad y El buen samaritano de Delacroix y El
Lector de Meissonnier; después, dos grandes
dibujos a la pluma de caña. Leo en este momento el
Médico rural de Balzac, que es muy bello; hay allí
una figura de mujer, no loca, pero muy sensible, que
es muy encantadora; te lo enviaré cuando lo haya
terminado. Tienen mucho sitio, aquí en el hospicio;
habría como para hacer talleres para una treintena
de pintores.
Es preciso que decida de una vez; no deja de ser
cierto que un montón de pintores se vuelven locos;
es la vida que lo vuelve a tino, por decir lo menos,
muy abstraído. Si me meto de lleno en el trabajo,
está bien; pero siempre quedo afectado.
Si pudiera enrolarme por 5 años me curaría
considerablemente y sería más razonable y más
dueño de mí.
Pero una cosa o la otra me es igual.

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