29 de abril de 1890.
Mi querido Théo:
El resto de las telas es escaso; como llevo dos
meses sin poder trabajar, estoy atrasado.
Encontrarás que los olivos de cielo rosa son lo
mejor, con las montañas, me imagino; los primeros
van bien como compañeros de aquellos del cielo
amarillo. En cuanto al retrato de la Arlesiana, tú
sabes que he prometido un ejemplar al amigo
Gauguin y se lo harás llegar. Luego los cipreses son
para el señor Aurier. Hubiera querido rehacerlos
con un poco menos de empaste, pero me falta
tiempo.
Hay que lavarlos todavía varias veces con agua
fría; después, un fuerte barniz, cuando los empastes
estén bien secos; entonces los negros no se saldrán
cuando el aceite se haya evaporado. Ahora me haría
falta, necesariamente, colores que en parte bien
podrías adquirir en lo de Tanguy; si está fastidiado
esto le gustará. Pero por supuesto, no tiene que ser
más caro que otro. Esta es la lista de los colores que
necesitaré:
(Tubos grandes)
12 blanco de zinc; 3 cobalto; 5 verde veronés, 1
laca ordinario; 2 cromo 11; 2 verde esmeralda, 4
cromos I; 1 mina anaranjado; 2 ultramar.
Después (pero en lo de Tasset): 2 laca geranio,
tubos de formato mediano. Me harás un gran favor
si me puedes hacer llegar enseguida por lo menos la
mitad; pronto, porque he perdido demasiado
tiempo.
También, necesitaré 6 brochas; 6 pinceles de
cerda y 7 metros de tela o hasta 10.
¿Qué decirte de estos dos meses pasados? Esto
no va muy bien; estoy triste y embrutecido, más de
lo que sabría expresar y no sé ya dónde estoy.
Como el pedido de colores es un poco cargado,
puedes demorar la mitad, si te conviene más.
Mientras estaba enfermo, hice aún algunas
pequeñas telas de cabezas que verás más tarde,
recuerdos del Norte; y ahora, acabo de terminar un
rincón de pradera lleno de sol, que yo creo más o
menos vigoroso. Lo verás muy pronto.
Hazme el favor de rogar al señor Aurier que no
escriba más artículos sobre mi pintura; dile con
insistencia que, por empezar, sus notas sobre mí se
engañan, puesto que realmente me siento demasiado
entristecido para poder enfrentarme a la publicidad.
Hacer cuadros me distrae; pero si oigo hablar de
ellos, me causa una pena que él no imagina...
He caído enfermo en la época en que hacía las
flores de almendro. Si hubiera podido continuar
trabajando, puedes deducir que hubiera hecho otros
árboles en flor. Ahora, ya casi se han terminado los
árboles en flor; verdadera me no tengo suerte. Sí;
hay que tratar de salir de aquí, pero ¿dónde ir? No
creo que se pueda estar más encerrado y prisionero
que en las casas donde no existen normas de
libertad, como en Charenton o en Montevergues.
jueves, 10 de enero de 2008
29 Abril 1890 Olivos cielo Rosa
en 8:22
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