30 de enero de 1889.
He puesto hoy en preparación una tercera
Berceuse. Sé muy bien que no está ni dibujada ni
pintada tan correctamente como la de Bouguereau;
cosa que casi lamento porque aspiro a ser correcto
en serio.
Pero como tampoco corresponde, fatalmente, ni
a Cabanes, ni a Bouguereau, al menos espero que
sea francés.
Hoy ha hecho un tiempo magnífico, sin viento,
y he tenido tantas ganas de trabajar, que estoy
desconcertado, ya que no contaba con esto.
Terminaré esta carta como la de Gauguin,
diciéndote que en verdad hay todavía signos de la
sobreexcitación precedente en mis palabras; pero
que esto no tiene nada de extraño, ya que en esta
buena región taraconesa todo el mundo está un
poco tocado.
3 de febrero de 1889.
Quizás en la Berceuse hay un ensayo de
pequeña música del color de aquí; está mal pintada y
los cromos del bazar salen infinitamente mejor
pintados técnicamente; pero aún así...
Cuando salí con el bueno de Roulin del hospital
pensaba que no había tenido nada; solamente
después he tenido la sensación de que había estado
enfermo. ¡Qué quieres!; vivo momentos en que me
arrebata el entusiasmo, o la locura, o la profecía,
como un oráculo griego en su trípode.
Tengo entonces una gran presencia de ánimo en
palabras, y hablo como las arlesianas; pero me
siento tan débil con todo esto...
Debo decir esto: que los vecinos, etc., tienen una
bondad particular conmigo; todo el mundo sufre
aquí, sea de fiebre, sea de alucinación o de locura, y
se entienden como personas de una misma familia.
Ayer fui a ver otra vez a la muchacha de la casa
donde me metí en mi extravío; se me dijo que cosas
como éstas, aquí en el país, no tienen nada de
asombroso. Ella había sufrido y se había
desvanecido; pero después recobró la serenidad. Y
por otra parte, se habla bien de ella.
Pero en cuanto a considerarme completamente
sano, no hay que hacerlo. La gente de la región que
está enferma como yo, me dice la verdad. Se puede
vivir, viejo o joven; pero siempre se tendrán
momentos en que se pierde la cabeza. Yo no puedo
decirte, pues, que digas que no tengo nada o que no
tuve nada.1
1 En el transcurso del mes de febrero el estado de Vincent se
agravó. Se imaginaba que le habían querido envenenar. Théo, no
teniendo más noticias de Arlés, telegrafía y recibe el 13 de febrero esta
respuesta del doctor Rey: "Vincent bastante mejor, esperando curarle
lo retenemos aquí, no se preocupe de momento”.
jueves, 10 de enero de 2008
3 de febrero de 1889 Musica del color
en 7:12
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