jueves, 10 de enero de 2008

Febrero de 1889 En vano

Febrero de 1889.
Mi querido Théo:
Mientras que mi espíritu estaba completamente
falto de calma, habría sido en vano que hubiera
intentado escribirte respondiendo a tu buena carta.
Hoy acabo de regresar provisionalmente a mi casa;
espero que será de veras. Hay tantos momentos en
los que me siento completamente normal, y
precisamente me parecería que si lo que tengo no es
más que una enfermedad particular de la región,
conviene esperar tranquilamente aquí hasta que esto
termine; aunque vuelva a repetirse (lo que no será el
caso, supongamos).
Pero pon atención a lo que digo de una vez por
todas, a ti y al Sr. Rey.1 Si tarde o temprano fuera de-
En verdad la salud de van Gogh parece haber mejorado. Come y
duerme en el hospital pero durante el día vuelve a su taller. La
población de Arlés no soporta ver a un hombre loco por las calles y
redacta una petición firmada por 81 habitantes, pidiendo la internación
de van Gogh, cosa que se obtiene. Es alrededor de esa época cuando
van Gogh sale una noche con una corona de velas encendidas fijada a
su sombrero, diciendo que iba a pintar un paisaje nocturno.
1 El Dr. Félix Rey pensó que se trataba de una forma de epilepsia.
Opinión que comparten algunos psiquiatras franceses que han escrito
seable que me trasladara a Aix2, como ya se ha planteado,
consiento de antemano y me someteré.
Pero en mi calidad de pintor y de obrero, no le
es lícito a nadie, ni siquiera a ti o al médico, hacer tal
diligencia sin prevenirme y consultarme a mí, allá
dentro; además, porque como hasta ahora siempre
mantuve mi presencia de espíritu, relativa a mi
trabajo, tengo derecho a decir (o al menos a opinar
sobre ello) qué sería lo mejor, si mantener mi taller
aquí o mudarme enseguida a Aix 2. Esto, a fin de
evitar los gastos y las pérdidas de una mudanza y de
no hacerla sino en caso de absoluta necesidad.
Parece que por aquí corre una leyenda que hace
que la gente tema a la pintura y que en la ciudad se
ha hablado de esto.
Bueno; sé que en Arabia sucede igual y, sin
embargo, hay montones de pintores en Africa, ¿no
es así? Lo que prueba que con un poco de firmeza
se pueden modificar esos prejuicios; o al menos
seguir pintando igual.
sobre el caso. (Véase “La Maladie de van Gogh", en Annales médicales
psychologiques, (1956), mientras otros médicos se inclinan por una
demencia maníaco-depresiva.
2 El asilo de alienados de Aix.
Lo malo es que yo también me siento proclive a
dejarme impresionar y a sentir yo mismo las
creencias de otro y a no indagar siempre el fondo de
verdad que pueda haber en el absurdo.
Gauguin, por otra parte, también está así; como
habrás podido observar desde que había venido
andaba igualmente fatigado por yo no sé qué
enfermedad.
Yo, después de permanecer aquí ya más de un
año, después de haber oído que decían casi todo el
mal posible de mí, de Gauguin, de la pintura en
general, ¿como no he de tomar las cosas tal como
son, aguardando a salir de aquí? ¿O hay acaso un
lugar peor que el manicomio donde he estado en
dos oportunidades?.
Las ventajas que tengo aquí son, como diría
Rivet, 1 ante todo, que «aquí están todos enfermos»
y entonces por lo menos no me siento solo.
Ya que como bien sabes me gusta tanto Arlés,
aunque Gauguin tenga algo de razón al llamarla la
ciudad más sucia del Mediodía.
Y ya he encontrado tanta amistad en los
vecinos, en el Sr. Rey y en todos los del hospicio,
1 Dr. Rivel era el médico de Théo y Vincent.
que realmente preferiría estar siempre enfermo aquí
que olvidar la bondad que hay en la misma gente
que tiene los prejuicios más increíbles respecto a los
pintores y a la pintura o que en todo caso no tiene
ninguna idea clara y sana como nosotros.
Además, en el hospicio ahora me conocen y si
esto se repitiera ocurriría en silencio y en el hospicio
sabrían qué hacer.
No deseo de ningún modo ni tengo necesidad
de que me atiendan otros médicos.

22 de febrero de 1889.
Bueno -en suma, hay tantos pintores que están
tocados de uno u otro modo que poco a poco me
consolaré.
Más que nunca comprendo los sufrimientos de
Gauguin, que ha experimentado en los trópicos la
misma cosa, una sensibilidad excesiva. En el
hospital precisamente he visto una negra enferma,
que se queda y trabaja como sirvienta. Díselo.
Si le dijeras a Rivet que andas tan preocupado
por mí, seguro que te tranquilizaría diciéndote que a
causa de que hay tanta simpatía y comunidad de
ideas entre nosotros tú sientes un poco lo mismo.
No pienses demasiado en mí, como una idea fija; yo
me desenvolveré mejor, además, si sé que estás
sereno. Te estrecho fuerte la mano con el
pensamiento; eres muy bueno al decir que podría ir
a París; pero pienso que la agitación de una gran
ciudad no me convendría nunca. Hasta muy pronto.

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