jueves, 10 de enero de 2008

25 Junio 1889 Estudio de Cipreses

25 de junio de 1889.
Dos estudios de cipreses de este difícil matiz
verde botella, he trabajado en ellos los primeros
planos con empastamiento de blanco de albayalde,
lo que da firmeza a los terrenos.
Creo que muy a menudo los Monticelli estaban
preparados así. Arriba se pasa entonces otro color.
Pero no sé si las telas son bastante fuertes para este
trabajo...
He releído con mucho gusto Zadig o el destino,
de Voltaire. Es como Cándido.
Ahí al menos, la fuerza del autor hace entrever
que queda una posibilidad de que la vida tenga un
sentido, «aunque cuando conversan convienen en
que las cosas de este mundo no marchan siempre al
gusto de los más sabios». Tengo un campo de trigo
muy amarillo y muy claro, tal vez la tela mas clara
que haya hecho.
Los cipreses me preocupan siempre; quisiera
hacer algo como las telas de los girasoles, porque
me sorprende que nadie los haya hecho todavía
como yo los veo.
En cuanto a líneas y proporciones, es bello
como un obelisco egipcio.
Y el verde es de una calidad tan distinguida.
Es una mancha negra en un paisaje lleno de sol;
pero es una de las notas negras más interesantes, de
las más difíciles de captar exactamente, que pueda
imaginar.
Luego hay que verlos aquí, contra el azul, en el
azul para decir mejor. Para hacer la naturaleza, aquí
como en cualquier parte, se precisa estar mucho
tiempo. Así un Monthénard no me da la nota
verdadera e íntima, porque la luz es misteriosa y
Monticelli y Delacroix sentían esto. Pisarro lo decía
muy bien hace tiempo; y Yo estoy todavía muy lejos
de poder hacerlo como él decía que se debía hacer.
Me pondría muy contento si pudieras
mandarme pronto los colores; pero hazlo como
puedas, sin molestarte mucho...
Creo que de estas dos telas de cipreses, aquella
de la cual hago el croquis será la mejor. Los árboles
son muy grandes y macizos. Un primer plano muy
bajo con zarzas y malezas. Detrás de las colinas
violetas un cielo verde y rosa con una luna creciente.
El primer plano sobre todo está muy empastado,
con mechones de zarzas que tienen reflejos
amarillos, violetas y verdes.
Asimismo, te agradezco muy cordialmente el
Shakespeare. Me ayudará a no olvidar el poco de
inglés que sé; pero, sobre todo, es tan bello. He
comenzado a leer la serie que más ignoro; lo que en
otro tiempo, por andar distraído en otra cosa o por
no tener tiempo, me era imposible leer: La serie de
los reyes; he leído ya Ricardo II, Enrique IV y la
mitad de Enrique V. Yo leo sin reflexionar si las
ideas de la gente de aquellos tiempos son las mismas
que las nuestras, o qué resultan cuando se las
contrapone a las creencias republicanas, socialistas
de nuestro tiempo, porque las voces de esa gente
que en el caso de Shakespeare nos llegan desde una
distancia de varios siglos, no nos parecen
desconocidas.
Son tan vibrantes que parece que se las
reconoce y ve.
Así, lo que sólo o casi sólo Rembrandt tiene
entre los pintores, esa ternura en la mirada de los
seres que vemos, sea en los Peregrinos de Emaús,
sea en la Novia judía, sea en tal figura extraña de
ángel como el cuadro que has tenido oportunidad
de ver -esa ternura afligida, ese infinito
sobrehumano entreabierto y que entonces parece
tan natural, aparece en Shakespeare repetidas veces.
Y luego, los retratos graves o alegres, tales el Six y el
Viajero y la Saskia; es sobre todo aquí, donde
alcanza la plenitud...
A fin de que te hagas una idea de lo que tengo
preparado, te envío hoy una decena de dibujos,
todos de las telas en preparación.
La última comenzada es el campo de trigo
donde hay un pequeño segador y un gran sol. La
tela es toda amarilla con excepción de la pared y del
fondo de colinas violáceas. La tela, cuyo motivo es
casi igual, es diferente en colorido, siendo de un
verde grisáceo y un cielo blanco y azul...

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