jueves, 10 de enero de 2008

Septiembre 1889 Triste enfermedad

Septiembre de 1889.
Mi querido hermano:
Siempre te escribo en intervalos de trabajo
-como un verdadero poseso, un furor sordo de
trabajo, más que nunca. Y creo que esto contribuirá
a curarme. Quizá me ocurrirá algo como aquello que
refiere Delacroix: «he encontrado la pintura cuando
ya no tenía ni dientes ni aliento, en el sentido de que
mi triste enfermedad me hace trabajar con un furor
sordo -muy lentamente - pero desde la mañana a la
tarde sin aflojar y - ahí está probablemente el
secreto - trabajar largo tiempo y lentamente. Qué sé
yo, pero creo que tengo una o dos telas en
preparación no están muy mal; para empezar que el
segador en los trigales amarillos y el retrato sobre
fondo claro; esto será para los veintistas si, no
obstante, en el momento dado se acuerdan de mí;
además, que me importa, si quizás más valdrá que
me olviden...
Ayer he comenzado el retrato del celador en jefe
y quizás haré también a su mujer; porque él está
casado y vive en una casita, pero a pocos pasos del
establecimiento.
Una cara muy interesante-; tienes un hermoso
aguafuerte de Legros que representa a un viejo
noble español, si te acuerdas, esto te dará una idea
del tipo. Ha estado en el hospicio de Marsella,
durante dos épocas del cólera; en fin, es un hombre
que ha visto morir a mucha gente y sufrir y tiene en
su rostro yo no se que de recogimiento, como la
cara de Guizot -porque hay algo similar en esa cara,
pero diferente que me viene involuntariamente a la
memoria. Pero él es del pueblo y más simple. En fin,
ya verás si lo he logrado y si hago una
reproducción...
¡Uf!... el segador está terminado; yo creo que
éste será uno que guardarás para ti -es una imagen
de la muerte, tal como nos habla en el gran libro de
la naturaleza - pero lo que he buscado, es el «casi
sonriente». Es todo amarillo, salvo una línea de
colinas violetas, de un amarillo pálido y rubio. A mí
eso me divierte, después de haberlo visto así a
través de las rejas de hierro de una casa de locos.
Bueno, ¿sabes lo que espero, cada vez que me
pongo a tener esperanzas? que la familia sea para ti
lo que es para mí la naturaleza, los montones de
tierra, la hierba, el trigo amarillo, el aldeano, es decir
que encuentres en tu amor por la gente, no
solamente de qué trabajar sino de qué consolarte y
rehacerte cuando haya necesidad.
... La vida pasa así, el tiempo no vuelve, pero yo
me encarnizo en mi trabajo, justamente porque sé
que las ocasiones de trabajar no se repiten.
Sobre todo en mi caso en que una crisis más
violenta puede destruir para siempre mi capacidad
de pintar.
En las crisis me siento cobarde ante la angustia
y el sufrimiento -más cobarde que de costumbre, y
es quizás esa cobardía moral la que mientras que
antes no tenía ningún deseo de curarme, ahora me
hace comer por dos, trabajar fuerte, cuidarme en
mis relaciones con los otros enfermos por miedo a
tener una recaída - en fin, ahora trato de curarme
como uno que hubiera querido suicidarse y al
encontrar el agua demasiado fría, trata de alcanzar la
orilla.
... Me reprocho mi cobardía, tendría que haber
defendido mejor el taller, aunque hubiera tenido que
luchar con esos gendarmes y vecinos. En mi lugar
otros habrían usado un revólver, y por cierto si
como artista uno hubiera matado a papanatas como
esos, habría salido absuelto. Tendría que haber
hecho mejor las cosas, entonces; y en cambio fui
cobarde y borracho.
... Dejo de lado la esperanza de que ya no
volverán, al contrario, es preciso decirse que de vez
en cuando tendré una crisis.
... Qué cosa curiosa la pincelada.
Al aire libre, expuesto al viento, al sol, a la
curiosidad de la gente, uno trabaja como puede,
llena su tela de cualquier manera. Sin embargo, se
atrapa lo verdadero y lo esencial, lo más difícil es
eso.
Pero cuando después de un tiempo se retoma
ese estudio y se arregla la pincelada en el sentido de
los objetos, es más armonioso y agradable de ver, y
se agrega lo que se tiene de serenidad y sonrisa.
Ah, nunca podré reproducir mis impresiones de
ciertas figuras que aquí vi. Por cierto, esa es la ruta
en la que hay cosas nuevas, la ruta del Midi, que a
los hombres del Norte les cuesta trabajo penetrar.
Y yo ya veo de antemano, el día en que tendré
algún éxito, que lamentaré mi soledad y mi aflicción
de aquí, cuando vi, a través de los barrotes de hierro
de la celda, al segador en el campo de abajo.
... Yo no necesito ver Ticianos ni Velázquez en
los museos, vi ciertos tipos vivos que hacen que
ahora sepa mejor que antes de mi viajecito lo que es
un cuadro del Midi.
... Sí, habrá que terminar con esto, ya no puedo
hacer las dos cosas a la vez, trabajar y tomarme mil
penas para vivir con esos enfermos de aquí, todo
eso lo trastorna a uno.
... Me gustaría mucho estar de regreso cuando
venga tu niño, no con ustedes, por cierto no, eso no
es posible, sino en los alrededores de París con otro
pintor.
... El tratamiento de los enfermos en este
hospicio es sin duda fácil de seguir hasta cuando
uno viaja, ya que no se hace absolutamente nada, los
dejan vegetar en el ocio y los alimentan con una
comida insulsa y un poco deteriorada.
... Ahora tengo 7 copias de los diez «Trabajos
del campo» de Millet. Puedo asegurarte que me
interesa enormemente hacer copias, y que como por
el momento no tengo modelos, eso hará que, sin
embargo, no pierda de vista la figura.
... Hice un retrato de mujer -la mujer del
celador - que creo que te gustará, hice una copia que
no estaba tan bien como la del natural.
Y temo que se quedarán con esta última, habría
querido que la tengas.
Es rosa y negro.
Hoy te envío mi retrato, hay que mirarlo durante
algún tiempo; espero que veas que mi fisonomía está
muy calmada, aunque la mirada sea más vaga que
antes, a mi parecer. Tengo otro que es un ensayo de
cuando estaba enfermo, pero creo que éste te
gustará más; traté de hacerlo simple, muéstraselo al
padre Pissarro si lo ves.
... Ahora estando enfermo, trato de hacer algo
para consolarme, para mi propio placer.
Como motivo, pongo frente a mí el blanco y
negro de Delacroix o de Millet o según ellos.
Y luego improviso el color por encima, pero
por supuesto no siendo yo mismo, totalmente sino
buscando recuerdos de sus cuadros, pero el
recuerdo, la vaga consonancia de colores que están
dentro del sentimiento es una interpretación mía.
Un montón de gente no copia, un montón de
otros copian, yo me puse a hacerlo por casualidad, y
me parece que eso enseña y, sobre todo, a veces
consuela. Entonces mi pincel se desliza entre mis
dedos como un arco sobre el violín, y
absolutamente para mi placer.

... Te agradezco mucho el envío de tela y
colores. En retribución te envío algunas telas con el
retrato, las siguientes:
Salida de la luna (pajar),
Estudio de campo,
Estudio de olivos,
Estudio de noche,
La montaña,
Campo de trigo verde,
Olivos,
Huerto en flor,
Entrada de una cantera.
Las cuatro primeras telas son estudios donde no
se encuentra el efecto de conjunto de los otros.
A mí me gusta bastante “La entrada de una
cantera", que hacía cuando sentí comenzar ese
ataque, porque los verdes oscuros, a mi gusto, pegan
con los tonos de ocre; hay algo triste en él, que es
sano y por eso no me molesta. Quizá, también eso
sucede con "La montaña".
..."Los olivos" con nube blanca y fondo de
montañas, así como la "Salida de la luna" y el efecto
de noche, son exageraciones desde el punto de vista
del arreglo; las líneas son contorneadas como las de
las maderas antiguas. Los olivos están más dentro
del carácter, así como en el otro estudio traté de dar
la hora en que cuando hace calor, se ven volar los
cetonios verdes y las cigarras.
Las otras telas, el "Segador", etc., no están secas.
Y ahora en la mala estación voy a hacer muchas
copias, ya que realmente tengo que hacer más
figuras.
El estudio de figuras es lo que enseña a
aprehender lo esencial, y a simplificar.
No es justo cuando en tu carta dices que nunca
habré hecho nada más que trabajar, yo estoy muy
descontento de mi trabajo, y la única cosa que me
consuela es que la gente de experiencia dice que hay
que pintar durante diez años para nada. Pero lo que
he hecho no es más que esos diez años de estudios
desdichados y desafortunados. Ahora podría venir
un período mejor, pero habrá que fortalecer la
figura y tengo que refrescar mi memoria con el
estudio bien riguroso de Delacroix y Millet.
Entonces trataré de aclarar mi dibujo.
Sí, no hay mal que por bien no venga, con el
estudio se gana tiempo.
Al rollo de telas agrego un estudio de flores; no
es gran cosa, pero en fin, no quiero romperlo.
En suma, allí encuentro un poco bien nada más
el campo de trigo, la montaña, el huerto, los olivos
con las colinas azules y el retrato y la entrada de la
cantera, y el resto no me dice nada, porque carece de
voluntad personal, de líneas sentidas. Allí donde
esas líneas son concisas y decididas comienza el
cuadro, aun cuando sea exagerado.
¡La diferencia entre la felicidad y la desdicha!
ambas son necesarias y útiles, y la muerte o la
desapariciones tan relativo, y la vida también.
... Desdichadamente no hay viñas aquí, si no
fuera por eso yo me había prometido no hacer mas
que viñas este otoño. Las hay, pero para pintarlas
hubiera sido necesario ir a vivir a otro pueblo.
En cambio los olivos son muy característicos y
lucho por atraparlos. Son color plata, ya más azul,
ya verde, bronceado, blanquecino sobre terreno
amarillo, rosa, violáceo o anaranjado, hasta el ocre
rojo apagado.
Pero muy difícil, muy difícil. Pero trabajar de
lleno en el ore) o la plata me gusta y me atrae
mucho. Y quizás un día haré una impresión
personal, como lo son los girasoles para los
amarillos. ¡Si los hubiera tenido este otoño? Pero
esta semilibertad a menudo impide hacer lo que uno
siente, no obstante, que puede.
... Tenemos algunos días soberbios de otoño, y
los aprovecho. Tengo algunos estudios, entre otros
una morera toda amarilla sobre terreno pedregoso,
destacándose contra el azul del cielo, en el que creo
que veras que he encontrado la huella de Monticelli.
Habrás recibido el envío de telas que te envié el
sábado pasado. Me sorprende mucho que el Sr.
Isaacson quiera hacer un artículo acerca de mis
estudios. De buena gana le pediría que espere un
poco más, su artículo no perdería absolutamente
nada y con un año más de trabajo podría - espero -
ponerle bajo los ojos cosas más características, con
mayor voluntad en el dibujo, más conocimiento de
causa en cuanto al Midi provenzal.
... Tengo un estudio de dos álamos amarillentos
sobre fondo de montaña y un panorama del parque
de aquí, efecto de otoño, donde hay un poco de
dibujo más ingenuo y más familiar. En fin, es difícil
dejar un lugar antes de probar con algo que uno ha
sentido y querido.
Si vuelvo al Norte, me propongo hacer un
montón de estudios de modelo griego, tú sabes,
estudios pintados con blanco y azul y un poco de
anaranjado solamente, como al aire libre.
Tengo que dibujar y buscar estilo.

Mi querido Théo:
Acabo de regresar con uña tela en la que trabajo
desde hace algún tiempo, que representa el mismo
campo del segador. Ahora son terrones de tierra y al
fondo los terrenos áridos, además los peñascos de
los Alpines. Un trozo de ciclo azul verde con
pequeña nube blanca y violeta. En primer plano un
cardo y hierbas secas.
Un paisano arrastra una gavilla de paja en el medio.
Es otro estudio rudo, y en lugar de ser casi
enteramente amarillo, es una tela casi totalmente
violeta. Violetas quebrados y neutros, Pero te
escribo esto porque creo que completará "El
segador" y hará ver mejor lo que es. Ya que "El
segador” parece hecho al tuntún, y esto lo
equilibrará. Apenas se seque te lo envío con la copia
del "Dormitorio". Si alguien ve los estudios, te
ruego que los muestres juntos, a causa de la
oposición de los complementarios.
Además, esta semana hice la entrada de una
cantera que es como una cosa japonesa; ¿te acuerdas
que hay dibujos japoneses de peñascos en los que
de tanto en tanto crecen hierbas y arbolitos? De vez
en cuando hay momentos en que la naturaleza es
soberbia, efectos de otoño de un color glorioso,
cielos verdes que contrastan con vegetaciones
amarillas, anaranjadas, verdes, terrenos de todos los
violetas, la hierba quemada donde las lluvias, no
obstante, dieron un último vigor a ciertas plantas,
que se ponen a producir nuevamente pequeñas
flores violetas, rosadas, azules, amarillas. Cosas que
uno se pone melancólico al no poder reproducir.
Y cielos, como nuestros cielos del Norte, pero
los colores de las puestas y salidas del sol son más
variados y más francos.
Como en los Jules Dupré y los Ziem.
También tengo dos panoramas del parque y del
sanatorio, donde este lugar parece muy agradable.
Traté de reconstruir la cosa como pudo ser,
simplificando y acentuando el carácter orgulloso e
inalterable de los pinos y arbustos de cedro contra
el cielo azul.
... La melancolía me invade muy a menudo con
gran fuerza.
Cuanto más se normaliza la salud y más capaz
siento la cabeza de razonar fríamente, más me
parece una locura, una cosa totalmente contra la
razón pintar, que nos cuesta tanto y no reporta
nada, ni siquiera el precio de costo. Entonces me
siento muy triste y el problema es que a mi edad es
terriblemente difícil volver a empezar otra cosa.
... Me has hecho un gran favor en enviarme esos
Millet. Estoy trabajando activamente en ellos. A
fuerza de no ver nunca nada artístico me embrutecía
y esto me reanima. Terminé «La velada» y comencé
«Los cabadores» y el hombre que se pone el saco,
telas de 30, y «El sembrador», más pequeño. «La
velada» está dentro de una gama de violetas y lilas
suaves con luz de la lámpara amarillo pálido,
además, el resplandor anaranjado del fuego y el
hombre en ocre rojo. Lo verás; me parece que
pintar según esos dibujos de Millet es traducirlos a
otra lengua antes que copiarlos.
Aparte de esto tengo en marcha un efecto de
lluvia y un efecto de tarde con grandes pinos.
Y también una caída de hojas.
La salud va muy bien, salvo a menudo mucha
melancolía, pero me siento bien, mucho mejor que
este verano y hasta mejor que cuando venía aquí, y
hasta mejor que en París.
También las ideas para el trabajo se vuelven más
firmes, a mi parecer. Pero no sé si te gustará lo que
ahora hago. Ya que a pesar de lo que dices en tu
carta anterior, que la búsqueda del estilo a menudo
perjudica a otras cualidades, la cuestión es que me
siento muy llevado a buscar estilo, si quieres, pero
por ello entiendo un dibujo más varonil y más
voluntario.
... Tanto como sea posible trato de simplificar la
lista de los colores; así muy a menudo empleo,
como en otros tiempos, los ocres. Bien sé que los
estudios dibujados con grandes líneas tan nudosas
del último envío no eran lo que debían ser, sin
embargo me atrevo a exhortarte a que creas que en
el paisaje se seguirá tratando de concentrar las
cosas, por medio de un dibujo que trate de expresar
su enmarañamiento. ¿Te acuerdas del paisaje de
Delacroix: «La lucha de Jacob con el ángel»? ¡Y hay
otros de él!, por ejemplo los acantilados y justamente
las flores de las que a veces hablas. Bernard
realmente encontró cosas perfectas allí. En fin, no
tomes demasiado rápidamente una resolución en
contra.
Verás que en un gran paisaje con pinos, troncos
ocre rojo cortados por un trazo negro, ya hay más
carácter que en los precedentes.
... Voy a trabajar un poco más afuera; hay
mistral. Hacia el momento de la puesta del sol
generalmente se calma un poco, entonces hay
efectos soberbios de cielos limón pálido y los pinos
desolados destacan sus siluetas contra el cielo con
efectos de exquisito encaje negro.
Otras veces el cielo es rojo, otras de un tono
extremadamente fino neutro, de limón pálido
también, pero neutralizado por lila fino.
Tengo un efecto de tarde de otro pino contra
rosa y amarillo verde.
A pesar del frío hasta ahora sigo trabajando
afuera y creo que me hace bien a mí y al trabajo.
El último estudio que hice es un panorama del
pueblo, en el que estaban reparando las veredas,
bajo plátanos enormes. Por consiguiente, hay
montones de arena y piedras, troncos gigantescos, el
follaje amarilleante y de tanto en tanto se entrevé
una fachada y pequeñas figuras.
... Verás que en los grandes estudios no hay más
empastes, preparo la cosa con especies de aguadas
de aguarrás y luego procedo por pinceladas o rayas
coloreadas y espaciadas. Eso da aire y gasta menos.
Mi querido Théo:
Muchas gracias por tu carta del 22 de diciembre,
conteniendo un billete de 50 francos; primero te deseo
a ti y a Jo un feliz año y lamento haberte
causado inquietudes aunque involuntariamente, ya
que el Sr. Peyron ha debido escribirte que una vez
más tuve la cabeza perturbada.1
Irónicamente, en una carta de Théo que Vincent
recibe en esos días, y cuando Théo aún no sabe
nada de la crisis, éste escribe:
«Debemos estar contentos de que, desde el año
pasado a esta época, estés mucho mejor. Entonces
temía que no te curarías.»
Es preciso sobre todo que no pierda mi tiempo,
voy a ponerme a trabajar apenas lo permita el Sr.
Peyron, y si no lo permite, entonces corto
rotundamente con este lugar. Esto es lo que todavía
me mantiene relativamente en equilibrio, y todavía
tengo un montón de ideas para nuevos cuadros.
1 Luego de la anterior crisis de Vincent, crisis que lo dejó postrado
durante tres semanas (y en el curso de la cual intentó suicidarse), el Dr.
Peyron le había dejado entrever que alrededor de Navidad volvería a
tener otra crisis. Esta crisis se produce en la fecha prevista.
Ah, mientras estaba enfermo caía nieve húmeda
que se derretía, y me levanté de noche para mirar el
paisaje. Nunca, nunca la naturaleza me pareció tan
emocionante y sensitiva.
Las ideas relativamente supersticiosas que aquí
tienen acerca de la pintura me ponen a veces más
melancólico de lo que podría decirte, aunque en el
fondo siempre es un poco cierto que un pintor
como hombre está demasiado absorbido por lo que
ven sus ojos y no domina el resto de su vida.
... Hoy envié algunas telas, las siguientes:
«Campo arado» con fondo de montañas; es el
mismo campo del segador de este verano y puede
hacer juego con él; creo que uno valorizará al otro.
«El barranco», es el estudio hecho en un día de
mistral, yo había calzado mi caballete con grandes
piedras, el cuadro no está seco, es de un dibujo más
conciso, hay más pasión contenida y es más
coloreado.
Este puede ir con otro estudio de montañas,
efecto de verano con una ruta en primer plano y una
barraca negra.
«Las aceituneras», este cuadro lo había
destinado a nuestra madre y hermana, para que
tengan algo un poco estudiado.
También tengo para ti una copia y el estudio del
natural (más coloreado con tonos más graves).
«Los campos», campos de trigo joven con
fondo de montañas lilas y cielo amarillento.
«Olivos», cielo de poniente anaranjado y verde
(aquí hay otra variante con figuras).
Idem, efecto neutro.
Idem, efecto neutro.
«Los grandes plátanos», calle principal o bulevar
de Saint-Remy, estudio del natural, aquí tengo una
copia quizá más hecha.
Copia de Millet: «Los cavadores»Idem,
« La velada».
Todavía me olvido «La lluvia».
Ten la bondad de no mirarlas sin montarlas en
bastidores y enmarcarlas de blanco, es decir que
desclavarás otras telas y montarás a éstas sobre los
bastidores, una a una, si quieres, para darte cuenta
del efecto. Ya que las coloraciones necesitan
absolutamente el contraste del marco blanco para
juzgar el conjunto. Así la lluvia, los olivos grises,
casi no pueden verse sin el marco.
Me produjo un gran placer lo que dices de la
copia de Millet: «La velada».
Cuanto más pienso en eso, más me parece que
tratar de reproducir cosas de Millet, cosas que no
tuvo tiempo de pintar al óleo, tiene su razón de ser.
Entonces trabajar ya sea en sus dibujos ya en los
grabados sobre madera, no es copiar pura y
simplemente.
Es más bien traducir en otra lengua -la de los
colores - las impresiones de claroscuro en blanco y
negro. Así, acabo de terminar las otras tres «Horas
de la jornada» según las maderas de Lavieille. Eso
me costó mucho tiempo y mucho trabajo.
Porque tú sabes que ya este verano hice «Los
trabajos del campo».
Pero esas reproducciones - algún día las verás -
no las envié porque eran más tanteos que éstas, pero
sin embargo me sirvieron mucho para las «Horas de
la jornada». Quizá más tarde pueda hacer litografías
con éstas.
... Creo que si fuera a París, en los primeros
tiempos no haría nada más que dibujar de moldes
griegos, porque todavía necesito seguir estudiando.
... Lo que los impresionistas encontraron para el
color, se acrecentará todavía más, pero hay un lazo
que muchos olvidan, que lo liga al pasado, y yo me
esforzaré en mostrar que no creo en una separación
rigurosa de los impresionistas y de los otros.
Me parece muy dichoso que en este siglo haya
habido pintores como Millet, Delacroix, Meissonier,
que no se pueden superar. Ya que aunque no gusta
tanto Meissonier como ciertas personas, no hay que
andar con vueltas cuando se ve sus «Lectores», su
«Alto» y tantos otros cuadros, ahí hay algo. Y
entonces se deja de lado lo que es su fuerte, es decir,
la pintura militar, porque eso nos gusta menos que
los campos.

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