2 de enero de 1889.
Mi querido Théo:
Para tranquilizarte completamente a mi
respecto, te escribo estas breves frases en el
gabinete del señor Rey, el interno, a quien ya
conoces.1 Me quedaré todavía algunos días aquí, en
1 El doctor Rey, médico del hospital, escribió a Théo lo siguiente:
"Añado algunas palabras a la carta de su señor hermano para tranquilizarle
a mi vez sobre lo que a mi respecta.
Me satisface anunciarle que mis predicciones se han confirmado y
que aquella sobreexcitación no ha sido más que pasajera. Yo creo que él
se repondrá en unos pocos días.
el hospital; después, espero volver muy
tranquilamente a mi casa.
Ahora te ruego una sola cosa, que no te
inquietes; porque entonces me provocarías una
inquietud más.
Hablemos ahora de nuestro amigo Gauguin: ¿lo
he asustado? En fin ¿por qué no da señales de vida?
Debe haberse ido contigo. El tenía por otra parte
necesidad de volver a ver París y en París se sentiría
más a gusto que aquí. Dile a Gauguin que me escriba
y que pienso siempre en él.
Un buen apretón de manos; he releído tu carta,
en lo concerniente a tu encuentro con los Bonger.
Está bien. En cuanto a mí, estoy contento de seguir
tal como soy.
Todavía una vez más, un buen apretón de
manos para ti y Gauguin2.
Todo tuyo.
Vincent.
escribiera, para informarle de su estado. Le sugerí que bajase a mi
gabinete para conversar un poco. Eso le distraerá le hará bien a él.
Acepte usted mis más solícitos saludos.
Rey”.
2 Gauguin le envió un telegrama a Théo, pidiéndole que venga
urgentemente. Al llegar Théo, el Dr. Rey le informa lo ocurrido.
Escribe siempre a la misma dirección: plaza
Lamartine, 2.
Mi querido Théo:
Quizás no te escribiré hoy una carta muy larga;
pero en todo caso, sí una nota para hacerte saber
que he vuelto a mi casa.
Cuánto lamento que te hayas molestado por tan
poca cosa; perdónamelo, ya que al fin soy probablemente
la causa principal.
Yo no preví que esto tuviera las consecuencias
que ya te comentaré. Basta. El Sr. Rey ha venido a
ver la pintura con dos de sus amigos médicos; y
ellos comprenden en seguida, a grosso modo por lo
menos, lo que son los complementarios.
Ahora espero hacer el retrato del Sr. Rey y
posiblemente otros retratos, tan pronto vuelva a
adaptarme un poco a la pintura.
Gracias por tu última carta; de veras que te
tengo siempre presente; pero has de saber también
que trabajo en lo mismo que tú. ¡Ah!... cómo
desearía que hubieses visto el retrato de Brias por
Delacroix, y todo el museo de Montpellier, donde
Viendo que no puede hacer nada, Théo lo recomienda al cuidado del
Dr. Rey, y al cartero Roulin, y regresa a París.
me llevó Gauguin. Cómo se ha trabajado ya en el
Sur, antes de nosotros; la verdad es que me cuesta
bastante creer que nos hayamos desviado tanto. Por
lo que se refiere a la región cálida, ¡a fe mía!...
involuntariamente pienso en cierta región de que
habla Voltaire y aun sin contar los simples castillos
en el aire. Estos son los pensamientos que me
surgen, al volver a mi casa.
Estoy muy deseoso de saber cómo se
encuentran los Bonger y si las relaciones con ellos
se mantienen como espero.
Si te parece bien -ido Gauguin - restableceremos
el mes a 150 francos; creo que veré todavía aquí días
más calmos que los del año pasado.
De lo que tendré gran necesidad para mi
instrucción es de todas las reproducciones de los
cuadros de Delacroix, que se pueden aún conseguir
en esta casa donde venden a 1 franco, creo, las
litografías de artistas antiguos y modernos, etc. No
quiero las más caras, decididamente.
¿Cómo están nuestros amigos holandeses de
Haan e Isaacson? Salúdalos de mi parte.
Creo solamente que debemos mantenemos tranquilos
en relación a mi pintura. Si tú lo quieres,
claro, puedo ya enviarte, pero cuando la calma me
vuelva espero hacer algo distinto. Sin embargo, para
los Independientes haz como te parezca y como
hagan los otros.
Pero no tienes idea de cuánto lamento que no
hayas hecho todavía tu viaje a Holanda.
En fin, ya no podemos cambiar los hechos; pero
adelántate por la correspondencia o como puedas
hasta donde te sea posible; y diles a los B. cuanto
me duele haberles quizás causado un retraso,
involuntariamente. Escribo a nuestra madre y a Wil,
en estos días; también he de escribir a Jet Mauve.
Escríbeme pronto y queda completamente
tranquilo en cuanto a mi salud; me curará del todo
saber que te va bien ¿Qué hace Gauguin? Como está
con su familia en el norte, y ha sido invitado a
exponer en Bélgica y tiene actualmente éxito en
París, quiero creer que ha encontrado su camino.
Un buen apretón de manos; me siento regularmente
feliz de que esto sea una cosa pasada. Una vez más,
un fuerte apretón de manos.
9 de enero de 1889.
Físicamente estoy bien; la herida se cierra muy
bien y la gran pérdida de sangre se equilibra, ya que
como y digiero a satisfacción. Lo más temible sería
el insomnio, y el médico no me ha hablado ni yo
tampoco a él todavía. Pero yo mismo lo combato.
Combato este insomnio con una dosis muy
fuerte de alcanfor In mi almohada y mi colchón; y si
alguna vez no durmieras, te lo recomiendo. Temía
mucho dormir solo en la casa y he tenido miedo de
no poder hacerlo.
Pero esto ya ha desaparecido y me atrevo a creer
que no reaparecerá. El sufrimiento por este lado, en
el hospital, ha sido atroz y, sin embargo, aun en los
estados de mayor debilidad puedo decirte, como
curiosidad, que he seguido pensando en Degas.
Gauguin y yo habíamos hablado antes de Degas y
yo había hecho notar a Gauguin que Degas había
dicho esto: «Me reservo para las arlesianas».
Luego, tú que sabes cuán sutil es Degas, cuando
vuelvas a París dile que le confieso que hasta ahora
he sido incapaz de pintar a las mujeres de Arlés y
que no debe creer a Gauguin si éste le habla bien de
mi trabajo, que sólo ha seguido un curso enfermizo.
Según esto, si me rehago, debo recomenzar y no
podré alcanzar de nuevo esas cumbres a donde la
enfermedad me ha imperfectamente arrastrado.
17 de enero de 1889.
Mi querido Théo:
Gracias por tu buena carta, lo mismo que por el
billete de 50 francos que contenía.
Responder a todas tus preguntas ¿Podrías
hacerlo tú en este momento? Yo no me siento
capaz. Claro que me gustaría, después de
reflexionar, encontrar una solución; pero es preciso
que relea todavía la carta, etcétera.
Pero antes de discutir lo que gastaría o no
gastaría durante todo un año, nos convendría ver un
poco nada más que el mes actual.
En todo caso, esto ha sido realmente lamentable
y en verdad me tendría por muy feliz si dedicaras
seriamente tu atención a lo que eso es y ha sido
durante tanto tiempo.
Pero ¿qué quieres?, desgraciadamente todo anda
complicado de varios modos; mis cuadros no tienen
valor pero me cuestan, es cierto, gastos extraordinarios,
quizás a veces hasta en sangre y cerebro. No
insisto y ¿qué quieres que te diga? Volvamos
siempre al mes actual y no hablemos más que de
dinero. El 23 de diciembre había todavía en caja un
luis y 3 centavos. Ese mismo día recibí de ti el
billete de 100 francos.
Estos son los gastos:
Dado a Roulin para pagar a la criada su mes de
diciembre 20 francos; así como la primera quincena
de enero 10 francos = 30 fr.
Pagado en el hospital. 21 fr.
Pagado a los enfermeros que me habían curado.
10 fr.
Al volver aquí pagué una mesa, un calentador de
gas, etc., que me habían prestado y que entonces
tomé a crédito. 20 fr.
Pagado por la limpieza de toda la ropa de cama
y la ropa ensangrentada
12 fr. 50
Varias compras como una docena de pinceles,
un sombrero, etc, etc., pongamos.
10 fr.
103
fr. 50
Hemos llegado ya, así, al día o al otro día de mi
salida del hospital, con un desembolso forzoso de
mi parte de 103 fr. 50, a lo que hay que agregar
todavía que, entonces, en el primer día, estuve
comiendo con Roulin en el restaurante, alegremente,
tranquilizado y no temiendo más una nueva
angustia.
En fin, el resultado de todo esto fue que hacia el
8 estaba arruinado. Pero al cabo de uno o dos días
pedí prestados 5 francos. Estábamos apenas a 10.
Esperaba hacia el 10 una carta tuya; y luego, como
esta carta no llegó hasta hoy 17 de enero, el
intervalo ha sido un ayuno de los más rigurosos y
tanto más doloroso porque mi restablecimiento no
podía hacerse en estas condiciones.
No obstante, he vuelto al trabajo y tengo hechos
ya tres estudios en el taller; además del retrato del
señor Rey que le ofrecí como recuerdo. Así que, de
momento, no me pasa nada grave, como no sea un
poco más de sufrimiento y de relativa angustia. Y
conservo muy buena esperanza. Pero me siento
débil y un poco inquieto y temeroso. Espero que
pase cuando recupere mis fuerzas.
Rey me ha dicho que debía ser muy
impresionable para haber tenido lo que tuve cuando
la crisis y que actualmente yo sólo estaba anémico,
pero que realmente debía alimentarme. Pero yo me
he tomado la libertad de decir al señor Rey que si
actualmente lo más importante para mí era recobrar
mis fuerzas, y que por una gran casualidad o
malentendido justamente me había sido necesario
guardar un ayuno riguroso de una semana, si en
parecidas circunstancias él habría visto muchos
locos regularmente ya tranquilos y capaces de
trabajar; y si no, que se dignara recordar entonces,
cuando la ocasión llegara que yo no estoy loco
todavía. Ahora, con todos estos pagos, considerando
que toda la casa estaba convulsionada por
esta aventura y todas mis ropas manchadas, ¿hay en
estos gastos algo indebido, extravagante o
exagerado? Si en seguida que volví pagué lo que era
debido a gentes casi tan pobres como yo mismo,
¿hay error de mi parte o he podido economizar algo
más?
Ahora, hoy 17, recibo al fin 50 francos.
Con respecto a esto, pago primero los 5 francos
pedidos al dueño del café, más 10 consumiciones
tomadas durante esta última semana a crédito, lo
que hace 7 fr. 50
Debo pagar todavía ropa blanca traída del
hospital y además de esta semana pasada, y
reparaciones de zapatos y de un pantalón; todo
junto, algo así como
5 fr.
Madera y carbón a pagar todavía de diciembre y
lo que hay que comprar aún, no menos de 4 fr.
Criada; segunda quincena de enero
10 fr.
26
fr. 50
Neto, me quedará mañana por la mañana
cuando haya pagado ese total.
23 fr. 50
Estamos a 17; faltan trece días para fin de mes.
Pregunto cuánto podré gastar por día.
Hay que agregar luego, que has enviado 30
francos a Roulin, de los cuales ha pagado los 21 fr.
50 del alquiler de diciembre.
He aquí, mi querido hermano, la cuenta del mes
actual. Y sin acabar.
Llegamos ahora a los gastos que te han sido
ocasionados por un telegrama de Gauguin, que ya le
reproché muy formalmente que te mandara. Los
gastos hechos así, al margen, son inferiores a 200
francos. El mismo Gauguin, ¿pretende que ha
hecho allá maniobras magistrales? Escucha: no
insisto más sobre lo absurdo de esta diligencia;
supongamos que yo estuviera todo lo extraviado
que quieran ¿por qué entonces el ilustre compañero
no estuvo más atento? No insistiré más sobre este
punto.
Yo no sabré agradecerte bastante por haber
pagado a Gauguin de modo que él no pueda
quejarse de las relaciones que ha tenido con
nosotros. Por desgracia éste es otro gasto quizá más
fuerte que de costumbre; pero en fin, me permite
una esperanza.
¿No debe él o por lo menos no debía comenzar
por ver que nosotros no éramos sus explotadores,
sino que, por el contrario, hemos tratado de
salvaguardarle la existencia, la posibilidad de trabajo
y... y ... la honradez? Si esto está por debajo de sus
grandiosos proyectos de asociaciones de artistas que
ha propuesto y a los cuales se adhiere siempre en la
forma que sabes; si esto está por debajo de sus otros
castillos en el aire, ¿por qué no considerarlo
entonces como irresponsable de los dolores y
estragos que inconscientemente, tanto a ti como a
mí ha podido causarnos en su ceguera? Si
actualmente esta tesis te pareciera demasiado
atrevida, no insisto; pero esperemos.
El ha tenido antecedentes en lo que él llama «la
banca de París», y se cree ducho en eso. Quizás en
ese aspecto, a ti y a mí eso apenas nos interese.
De igual modo, esto contradice totalmente
ciertos párrafos de nuestra correspondencia
anterior.
Si Gauguin fuera a París para que lo revisaran
un poco o lo estudiara un médico especialista, te
juro... no sé muy bien qué resultaría.
Yo le he visto hacer en diversas ocasiones,
cosas que tú o yo no nos permitiríamos, porque
tenemos conciencias más sensatas; he oído dos tres
cosas que se decían de él, del mismo tenor; pero yo
que lo he visto de muy, pero de muy cerca, lo creo
arrastrado por la imaginación, por el orgullo quizás,
pero bastante irresponsable.
Esta conclusión no se opone a que convenga
escucharlo en cualquier circunstancia. Pero en el
caso del arreglo de su cuenta, veo que has
procedido con una conciencia superior y pienso que
no tenemos que temer en lo más mínimo que él
pueda contagiamos de los errores de la «banca de
París».
Pero él ... ¡a fe mía!... que haga todo lo que
quiera, que tenga sus independencias (¿¿) (¿de qué
manera considera su carácter independiente?), sus
opiniones y que siga su camino desde el momento
que le parece que lo conoce mejor que nosotros.
Encuentro muy extraño que me reclame un
cuadro de girasoles ofreciéndome a cambio,
supongo, o como regalo, algunos estudios que ha
dejado aquí. Le enviaré de vuelta sus estudios; que
probablemente tendrán para él utilidades que no
tendrían de ningún modo para mí.
Pero, por el momento, guardo mis telas aquí y
categóricamente guardo para mí los girasoles en
cuestión.
El ya tiene dos; que se dé por satisfecho.
Y si no le gusta el cambio que hicimos, entonces
puede recuperar su pequeña tela de la Martinica y su
retrato, el que me mandó desde Bretaña, devolviéndome
por su parte mi retrato y mis dos telas de
girasoles que ha tomado en París. Así pues, que no
saque a relucir más este tema: lo que digo está
bastante claro.
¿Cómo puede pretender Gauguin que teme
molestarme con su presencia, cuando difícilmente
podría negar que ha sabido que siempre preguntaba
por él y que se le ha dicho y redicho que yo insistía
en verlo inmediatamente? Precisamente para decirle
que mantuviera esto entre nosotros, sin molestarte a
ti.
No ha querido escuchar.
Me fatiga reconsiderar todo esto y calcular y
volver a calcular cosas de este género.
He tratado de mostrarte en esta carta la
diferencia que existe entre mis gastos propiamente
dichos y aquellos de los cuales soy menos
responsable.
Me ha sabido muy mal que en este momento
preciso tengas tales gastos que no han de beneficiar
a nadie.
¿Cuál será la consecuencia a medida que
recupere mis fuerzas si mi posición se puede
sostener? Temo mucho un cambio o una mudanza
justamente a causa de nuevos gastos. Llevo ya
mucho tiempo incapaz de recobrar el aliento. No
abandono el trabajo porque avanza por momentos y
creo que, con paciencia, llegaré al resultado de
poder cubrir con los cuadros hechos los gastos
anteriores. Roulin se marcha dentro de poco, el 21
lo trasladan a Marsella; el aumento de sueldo es
mínimo, se ve obligado a dejar por algún tiempo a
su mujer y a los niños que no podrán seguirlo sino
mucho más tarde, a causa de que los gastos de toda
una familia serían mucho más pesados en Marsella.
Es un adelanto para él: pero es un consuelo
muy, muy escaso el que da el gobierno a un
empleado después de tantos años de trabajo.
Y en el fondo creo que tanto él como su mujer
se quedan muy, muy apenados.
Roulin me ha acompañado frecuentemente,
durante esta última semana.
Estoy totalmente de acuerdo contigo acerca de
que no debemos mezclamos en las cuestiones de los
médicos, que no nos conciernen en lo absoluto.
Precisamente como le decías al señor Rey en
una carta que le escribiste, que podías presentarlo en
París, he creído comprender que, en lo referente a
Rivet, no pensé hacer nada comprometedor
diciéndole al señor Rey que si se iba a París me haría
un gran favor llevándole un cuadro al señor Rivet,
en recuerdo mío.
Naturalmente, no le he hablado de nada más;
pero lo que le he dicho es que siempre lamentaría
no ser médico, y que aquéllos que creen que la
pintura es bella, harían bien en no ver en ella más
que un estudio de la naturaleza.
También sigue siendo una lástima que Gauguin
y yo hayamos abandonado demasiado pronto la
discusión que habíamos entablado sobre
Rembrandt y la luz. De Haan e Isaacson ¿están
todavía allí?; que no se desanimen. Después de mi
enfermedad he tenido lógicamente la vista muy
sensible. He observado al sepulturero de Haan ya
que tuvo la atención de enviarme la fotografía. Y
bien, me parece que el verdadero espíritu de
Rembrandt asoma en ese rostro que parece
iluminado por el reflejo de una luz surgida de la
tumba abierta delante de la cual permanece como
sonámbulo el sepulturero.
Esta es una construcción muy sutil.
Yo no trabajo con carbón; y él, de Haan, ha
elegido como medio de expresión justamente el
carbón, que es además una materia incolora.
Me gustaría mucho que de Haan viera un
estudio mío de un candelabro encendido y dos
novelas (una amarilla y la otra rosa) puestas sobre
un sillón vacío (precisamente el sillón de Gauguin)
tela de 30; en rojo y verde. Acabo de trabajar
incluso hoy en uno que le hace Pego: mi silla vacía;
una silla de madera blanca, con una pipa y una
petaca de tabaco. En los dos estudios, así como en
los otros, he buscado un efecto de luz con el color
claro; de Haan comprenderá probablemente lo que
busco, si le lees lo que te he escrito al respecto.
Por muy larga que sea esta carta, en la cual he
tratado de analizar el mes y en la que me quejo un
poco del extraño fenómeno de que Gauguin haya
preferido no volverme a hablar eclipsándose por
completo, me falta agregar algunas palabras de
apreciación.
Lo que tiene de bueno es que sabe dirigir
maravillosamente el gasto de cada día.
Entonces, en tanto yo estoy a menudo ausente,
preocupado por llegar a buen fin, él puede más que
yo para mantener el equilibrio del dinero en el
mismo día. Pero su debilidad consiste en que con
una coz y una huida de bestia trastorna todo lo que
compuso.
Luego, ¿hay que resistir en un sitio después de
conquistarlo o hay que desertar? No juzgo a las
personas por su interior, esperando no ser
condenado yo mismo en caso de que las fuerzas me
faltaran; pero si Gauguin tiene tanta virtud real y
tanta capacidad de beneficencia, ¿cómo las va a
emplear? Yo ya renuncio a seguir sus actos y me
detengo silenciosamente; con un punto de
interrogación, sin embargo.
El y yo, de vez en cuando, hemos vivido
cambiando ideas sobre el arte francés, sobre el
impresionismo...
Me parece ahora imposible, o por lo menos
bastante improbable, que el impresionismo se
organice y se calme.
¿Por qué no ocurrirá lo que sucedió en
Inglaterra cuando los Prerrafaelistas? La sociedad se
ha disuelto.
Me tomo quizás todas estas cosas demasiado a
pecho y siento tal vez demasiada tristeza. ¿Habrá
leído alguna vez Gauguin Tartarín en los Alpes y
recordará al ilustre camarada tarasconés de Tartarín,
que tenía tanta imaginación que había concebido de
pronto toda una Suiza imaginaria? ¿Se acuerda del
nudo en una cuerda encontrada en lo alto de los
Alpes, después de la caída? Y tú, que deseas saber
cómo han sucedido las cosas, ¿has leído ya el
Tartarín por completo? Esto te enseñará a
reconocer a Gauguin.
Te aconsejo muy en serio que releas este pasaje
en el libro de Daudet.
¿Llegaste a ver el estudio que pinté de la
diligencia de Tarascón; aquélla que como sabes se
menciona en Tartarín cazador de leones? Y
después, recuerdas a Borripard en Numa Roumestan
y su feliz imaginación? Eso es lo que es,
aunque de otro género, Gauguin; tiene una hermosa,
franca y absolutamente completa imaginación del
Mediodía; con esta imaginación se va a trabajar al
norte, ¡a fe mía!... ¡se verán quizás mas farsas,
todavía! Y ahora disecando, con todo atrevimiento,
nada nos impide ver en él al tigrecito bonaparte del
impresionismo, en tanto que.... no sé bien cómo
decir esto, su eclipse de Arlés, sea comparable o
paralelo a la vuelta de Egipto del pequeño cabo que
como el nuestro se volvió después a París, siempre
abandonaba los ejércitos en el desastre.
Felizmente Gauguin, yo y otros pintores, no
andamos armados todavía de ametralladoras y otras
nocivas máquinas de guerra. Por mi parte yo estoy
muy decidido a no tener más armas que mi pincel y
mi pluma.
Con gran alharaca, sin embargo, me ha
reclamado Gauguin en su última carta «sus caretas y
guantes de guerra», guardados en el cuartito de mi
casita amarilla.
Voy a mandarle en seguida por paquete postal
todas esas niñerías.
Probablemente jamás se servirá de cosas más
serias.
El es físicamente más fuerte que nosotros; sus
pasiones también deben ser mucho más fuertes que
las nuestras. Además es padre de unos niños; tiene a
su mujer y a sus hijos en Dinamarca y quiere
simultáneamente irse al otro extremo del globo, a la
Martinica. Es horrible toda la oposición de deseos y
necesidades incompatibles que esto le debe
ocasionar.
Yo me habría atrevido a asegurarle que si
permanecía tranquilo con nosotros, trabajando aquí
en Arlés, sin perder dinero y ganándolo, ya que tú te
ocupabas de sus cuadros, es seguro que su mujer le
hubiera escrito aprobando su tranquilidad. Hay más
aún, resulta que andaba sufriendo y gravemente
enfermo y se trataba de encontrar el mal y el
remedio. Luego aquí, sus dolores se terminaron.
Ya basta por hoy. ¿Tienes la dirección de Laval,
el amigo de Gauguin? Puedes decirle a Laval que me
asombra mucho que su amigo Gauguin no haya
llevado para entregárselo un retrato mío que le
destinaba. Ahora te lo enviaré a ti y podrás
hacérselo llegar. Tengo también otro nuevo para ti.
Gracias una vez más por tu carta; te ruego que trates
de pensar en que sería realmente imposible vivir 13
días con los 23 fr. 50 que van a quedarme; con 20
francos que tú me enviaras la próxima semana, ya
trataría que alcanzaran.
Un apretón de manos: releeré tu carta y te
escribiré bien pronto sobre las otras cuestiones.
jueves, 10 de enero de 2008
2 de enero 1889 hasta el 9 enero
en 7:00
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